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Por odracir - 23/09/2012 1:16:38 [denunciar este mensaje]
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Coleccion Amateur
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Por odracir - 23/09/2012 1:14:34 [denunciar este mensaje]
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Fantasía en el metro por Luis Fernandez
Antes de nada esta es una historia ficticia y una de mis mayores fantasías. Esta es el primer relato que escribo así que perdonar la inexperiencia.

Cualquier día de verano. Visto un pantalón deportivo estrecho que hace remarcar todo mi paquete y una camiseta pegadita a mi pecho. Tengo que ir lejos de donde estoy ahora y por eso tengo que coger el metro.

Es primera hora del día y por eso no hay nadie en el vagón cuando yo subo. Sólo puedo distinguir a una persona, es una chica. Me acerco a ella por curiosidad. A medida que me acerco puedo ir notando que parece guapa y por su perfil parece tener buen pecho. Así que decido sentarme en frente de ella.

Al sentarme puedo darme cuenta que esta dormida. Viste ropa excesivamente estrecha y una mini falda, si se le puede llamar falda a eso tan corto. Debido a su sueño profundo no se da cuenta que tiene las piernas ligeramente abiertas. No puedo resistirme y miro a su interior. Me tiembla el cuerpo cuando veo que no lleva braguitas.

Durante cinco minuto no hago más que mirar esa maravilla de la humanidad, debido a lo cual mi miembro empieza a tomar medidas descomunales, que a causa de mi camiseta estrecha y corta y a mis pantalones también estrechos no puedo ocultar.

Intento ponerme de pie para poner bien mi ya erecto pene en el pantalón para que no se note mucho, cuando de repente el metro frena de golpe en medio del túnel y mi elemento va a parar directamente a su cara. Esto hace que se despierte con esa imagen delante de suyo.

Puedo apreciar en su cara una agradable sonrisa y una excitante mirada de placer. Con el metro averiado dentro del túnel me vuelvo a sentar. Ella no para de mirar fijamente mi paquete y eso hace que me excite todavía más. No lo puedo evitar y me lo toco para colocarlo bien. Veo que le gusta y me quedo con la mano tocando mi tronco. Puedo ver sus intenciones cuando abre ligeramente sus piernas y me devuelve mi favor tocándose ella su sexo.

Creo que voy a explotar y doy el primer paso definitivo. Me bajo ligeramente los pantalones para que se me vea el glande, que ahora esta rojo y a punto de explotar. A lo que ella responde subiendo ligeramente la faldita, lo justo para que pueda ver su conejito sin necesidad de agacharme, y con una mirada que da a entrever lo que está a punto de pasar.

Directamente me bajo los pantalones y le muestro a mi nueva amante mi resplandeciente mástil. Ella como hasta ahora responde y se baja su faldita hasta los tobillos. Cuando voy a dar el primer paso, ella se me adelanta y empieza a masturbarse delante de mí. No me lo puedo creer, ¡¡¡esa es mi mayor fantasía!!! Por lo que ahora me toca corresponder a mí y empiezo a masturbarme.

Todavía no me creo lo que me está sucediendo, cuando ella empieza a gemir como una loca y a mirar a su entrepierna. Lo que yo entiendo que debo pasar a la acción. Así que me agacho y empiezo a lamer su depilado conejito mientras sobo su trasero y sus pechos todo lo que puedo. Cuando ya llevaba un buen rato empieza a moverse con movimientos bruscos y al rato noto en mi boca todo su caliente orgasmo.

Me siento de nuevo, con mi pene ya no tan duro como antes. Tarda en reaccionar por lo que empiezo a pensar que no obtendré recompensa. Pero de repente se incorpora sudando. Se levanta y se quita el top tan prieto que llevaba dejando a la vista sus increíbles pechos, por supuesto también sin sujetador y se me queda delante de mí desnudita.

Por supuesto mi miembro no tarda en ponerse erecto de nuevo. Al ver esto se agacha y empieza a hacerme la mejor cubana que jamás me han hecho. Mientras mi miembro pasa entre sus pechos, todavía llega para que ella se pueda introducir el glande en la boca. A los cinco minutos de esta cubana-mamada noto que no voy a aguantar más. Ella también lo percibe así que me hace poner de pie, me coge de mi culito y me la empiezo a follar por la boca. No llevo dos embestidas cuando dejo derramar todo mi esperma en su boca, lo que ella agradece tragándose todo lo que puede.

En ese momento el metro empieza a funcionar, por lo que me visto rápidamente. Ella hace lo mismo y aprovecha para apuntarme su teléfono en un papelito. Me lo mete en el paquete y me da un beso enorme. Salgo del tren y la miro por última vez. En su cara solo se ve felicidad.

Si me quieres explicar tus fantasías o experiencias escríbeme a: luisfdz77@hotmail.com

UN BESAZO


Luis Fernandez(luisfdz77@hotmail.com)


Por odracir - 07/10/2007 20:29:01 [denunciar este mensaje]
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Fantasía Brasileña por Bucanero
En la playa la mañana era inmejorable. La sensación de placer era constante desde que habíamos llegado a pasar una semana de vacaciones. La temperatura del aire en combinación con su suave brisa, producía en nuestros cuerpos una sensación que podíamos comparar a la que se siente cuando rozan tu piel con los dedos casi sin tocarte.

Estábamos tumbados en la arena medio dormidos tomando el sol cuando llegaron Naí, Elena y Shu, como días anteriores después de salir de la escuela. Se pusieron delante de nosotros cerca de la orilla.

Nuestras chicas acababan de comenzar el paseo que todos los días les llevaba a recorrer la playa durante algo mas de una hora, dejándonos solos con las mulatitas, con las que cada día ganábamos más confianza, obsequiándonos mutuamente con prolongadas miradas y sonrisas.

Hoy nuestras amigas parecían dispuestas a provocarnos sin rodeos, tocándose sus pechos y culitos al tiempo que nos miraban y se interesaban por nuestra estancia en la villa.

Pronto Naí tomó la iniciativa cambiando de posición en su toalla quedando ahora cabeza hacia el mar y sus piernas hacia nosotros. Después de los primeros instantes en los que se tocaba el pubis por encima del bañador, cogió una lata de cerveza, la abrió y se la derramó en su conejito apartando su tanga con la otra mano para que la cerveza mojase directamente su sexo, mostrándonos claramente toda la operación.

Pepe y yo nos miramos, para asegurarnos que realmente lo estábamos viendo y no soñando. Una vez comprobada la autenticidad de tan agradable visión, seguimos disfrutando de la película que nuestra joven y exuberante mulatita nos ofrecía.

Una vez vaciado todo el líquido amarillo de la lata, deslizó sus dedos por su húmedo chochito arriba y abajo, centrándose posteriormente en un movimiento circular sobre el clítoris.

Ante tal numerito nuestros bañadores experimentaron un crecimiento central, asunto del que se percataron las niñas riéndose y ofreciéndonos más espectáculo. Se levantaron, dirigiéndose a la orilla del mar. Una vez allí se tumbaron boca arriba y, desprendiéndose de la parte superior de sus bikinis, jugaron con la flotabilidad de sus tetas medio sumergidas en el agua.

Durante unos minutos, Pepe y yo seguimos los movimientos de seis nuevas islas surgidas en la orilla, lo cual nos ponía cada vez más cachondos. Después de unos comentarios calientes decidimos sentarnos junto a ellas con la esperanza de que el agua aplacara nuestros mástiles. Una vez en la orilla, ellas seguían con sus juegos sin cortarse lo mas mínimo por nuestra cercanía, más bien al contrario intensificaban sus voluptuosos movimientos mientras miraban los bultos de nuestros bañadores, tocándonos con sus miradas. Después se acercaron y cogiéndonos de las manos nos llevaron hacia el interior, buscando aguas más profundas donde sus manos pudieran tocar nuestras pollas sin que se viera desde la playa.

Al tiempo que nos toqueteaban, nosotros empezamos a acariciar sus culos, pubis, cinturitas y todas las partes de sus cuerpos que el mar tapara, excitándonos cada vez más mientras hablábamos como si nada estuviera sucediendo. Pasados unos minutos, dos de ellas se sumergieron y comenzaron a realizarnos una mamada.

Aquello era sublime y lo hacían con una maestría oriental. De minuto en minuto subían a respirar, bajando rápidamente a continuar la misión que se habían impuesto.

Y como todo lo que bien empieza bien acaba, sus chupadiñas provocaron sendas descargas de semen en esas aguas costeras de Brasil, justo cuando ya se acercaban nuestras chicas después de su paseo mañanero. Nosotros quedamos de maravilla y las mulatitas encantadas de practicar uno sus juegos preferidos.

Bucanero


Por odracir - 07/10/2007 20:25:41 [denunciar este mensaje]
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Mi esposa y mi fantasía (Anónimo)
Hola amigos lectores de relatos eróticos. Creo que al visitar esta historia, ustedes son como yo, calientes y decididos a experimentar emociones distintas a las vistas en la vida social.

Soy un hombre profesionista, de 34 años, hombre que ha tenido la oportunidad de viajar por todo México y parte del extranjero, permitiéndome con ello tomar la vida de una manera distinta a la mayoría. Me gusta mucho la lectura y ella me ha enseñado a liberar mi mente, mis criterios y decisiones (los libros son considerados las llaves de la libertad).

Mi esposa Mary, mujer de 27 anos de edad, poderosamente sensual, coqueta y de excelente cuerpo. Es bajita de estatura (1.58 m) pero con unas curvas más que perfectas para satisfacer la mirada de cualquier hombre, sobre todo al latino que como todos saben, gusta de cuerpos curvilíneos, delineados y bamboleantes (rítmicos), y no los cuerpos parejos, sin movimiento sensual y rígidos. Para el hombre, un buen cuerpo hace que la ropa se vuelva curva tras la tela y una mujer que explota su vestimenta para lucir su cuerpo es una mujer de decisión. El vaivén de las caderas de Mary, la exposición orgullosa de sus senos bajo escotes atrevidos y su coquetería natural, resulta ser el símbolo más femenino de ella.

Mary, como les he dicho, posee un cuerpo delicioso y tal vez parezca repetitivo con las demás historias que han leído, pero en este caso, les puedo asegurar que la descripción de ella, es verdadera.

Todo sucedió después de haber cumplido tres años de casados. Cualquier lector de esta sección, casado sabrá que ahora en día el apetito sexual dentro de los matrimonios, se acaba peligrosa y rápidamente lo que motiva que el hombre o mujer, tengan sueños con más y variadas fantasías sexuales. La mujer es más reservada y eso lo entendemos ya que es su naturaleza; al ser la mujer más reservada, conserva en silencio sus fantasías y aun llega a negarlas frente a su pareja. El hombre tiende más a hablar sus fantasías y planteárselas a su mujer.

Por ello, Mary, siendo una mujer deliciosamente atractiva, despertó desde el noviazgo, un deseo sexual en mí, que incluso podría rayar en lo lujurioso, ya que su cuerpo me incitó a desearlo y verlo lucir tras ropas atractivas en un principio y cada día más, recortar el tamaño de la misma hasta casi desear verla exuberantemente provocativa: minifaldas, escotes, zapatillas altas, tanguitas, y prácticamente prohibirle usar brassiere y medias en sus piernas, de forma tal que al usar minifaldas, sienta la libertad de no traer nada debajo que le limite la visión de sus prendas íntimas.

Mary se acostumbró a vestir de esa forma y además al salir conmigo a distintos lugares, ha visto que es normal ver a varias mujeres vestidas así, lo que provocó que hasta ella, busque la manera de vestir más atrevida que otras mujeres.

El morbo de verla más atrevida y hasta exhibirse entre la gente nació desde un día que la vi sentada, frente a unos cuatro jóvenes en el restaurante, ella con minifalda y un gran escote. Al regresar yo del baño, logré ver debajo de su minifalda, su tanguita a la vista, resaltando lo blanco de la tela. Ella no se inmutaba de exhibirla tal vez por no darse cuenta o porque le gustaba. Sentí unos terribles celos pero a también un deseo bestial.

El morbo de sentírla con otro hombre nació cuando un día revolcándonos sexualmente en el carro después de salir de una Discoteca, en mi mente no se desaparecería la imagen de ella bailando con un amigo que se encontró ahí, y con el cual bailo unas veces rozándose sus cuerpos ocasionalmente generando en mi un sentído de odio, celos y voyeurismo. Esa noche Mary y yo nos cogimos deliciosamente en el carro, dentro de un estacionamiento y el deleite del sexo, revolucionaba nuestros instintos y nuestras fantasías, generando que ambos gritáramos de placer. Por mi parte, caí en el "error" de plantearle al momento que sentía su máximo placer - Mary, mi amor, qué culo tienes, esta riquísimo... ya veo por qué vuelves locos a todos - a lo que mi querida esposa revolcándose de placer en la parte posterior del auto, sentada de frente a mí y con su mirada dando a la parte posterior del auto, se enrollaba con sus brazos alrededor de mi cuello, agitando su melena corta (que por cierto es algo que me excita sobremanera, ya que despide un aire de puta que me hace venir majestuosamente). Mary me respondió tal vez por deseo o por deleite - Ah sí, tú crees que vuelvo locos a los hombres - a lo que contesté inundado de sudor sexual - No me digas que no te das cuenta que tu cuerpo vuelve locos a todos - decía en lo que la penetración se hacía cada vez más acelerada - Creo que todos al verte desean cogerte incansablemente, meter sus vergas en tu conchita y darte un revolcón de ensueño - Mary con los ojos drogados de placer agitaba su cabeza de un lado a otro sin mirarme y entre gemidos me respondía - no seas loco, sólo quiero ser tuya, soy tu mujer y tú mi hombre, sólo quiero tu verga dentro de mí, ahhhh - sin embargo la naturaleza misma del reto y del placer por dominarla y hacer lo que yo quisiera, me hacían insistirle, y ella a negarse, generando tal vez una situación de placer por dominio. Para ese momento, ambos estábamos por llegar a una explosión increíble, cuando de pronto, sentado yo en el asiento posterior, la volteé dándome la espalda, de forma tal que me cabalgara dándome sus nalgas en mi miembro - Entonces sucedió algo extraño: tenerla así, me causo un encanto maravilloso, ya que al verla reflejada en el espejo retrovisor del carro, me dio la sensación de que era otro quien se la cogía, ya que solo veía parte de su rostro y senos, gimiendo de placer, sin que yo me viera en el mismo. No sé si ella apreció lo mismo, pero sus movimientos se volvieron incansables galopando sobre mí, hasta que próximos a explotar, Mary comenzó a decirme - Mi amor, qué rica verga tienes, me haces feliz y más estando aquí, en tu carro, fuera de mi casa, ahhh, cógeme más, dame hasta que te canses, dame hasta que llegue a la casa escurriendo de tu semen - yo tomé sus palabras como si no me las dijera a mí ya que como casados que estábamos en ese momento, los dos deberíamos llegar a la misma casa (no sé si ella pensó lo mismo, pero yo aproveché y le comencé a hablar como si yo fuera otro) - Así putita, dame toda tu conchita, déjame llenártela toda de mí, para que cuando llegues a tu casa, no sepas qué decir y la emoción te vuelva a surgir cuando te digan de dónde vienes - Mary, quedó pensativa, como dudando de lo que le decía y a la vez como si se sintiera con otro - Hummm, qué rico, ... pero ¿qué crees que me puedan decir? - a lo que sutilmente contesté ya más excitado - No sé, Mary, pero tal vez tu esposo te llame la atención por llegar tarde, tomada y con olor a sexo - Mary ya entrando en el juego me contestó excitada - No me pueden decir nada, ya que saben que adoro el sexo, las vergas y que haría todo por coger con quien me desee - Yo estando ya a los límites de aguantar no colmé en llenarla de besos en su espalda y agarrando sus senos, mientras ella apoyaba sus dos manos en los respaldos de los asientos delanteros, para embestirme directamente y decirme - Te gusté esta noche querido, ya que me has cogido increíblemente, y sólo espero que mi esposo no se dé cuenta de que me has cogido pero sobre todo, que me gusta andar de puta buscando más vergas para que entren en mí - yo estaba ya con la cabeza apoyada hacia atrás, próximo a explotar cuando de pronto hice mi ultima pregunta _ asiiii Mary, assiiiii, ohhhh, qué puta eres ( y se me ocurrió hacerle la pregunta más fuerte) assssii y por cierto Mary... sólo aceptaste salir conmigo sin saber mi nombre - a lo que ella contestó salvajemente - Claro amor, para coger no importa quien seas, pero sabes... vi tu credencial y sé que te llamas... ¡¡¡Eduardo!!! - al decir eso, me vine como nunca ya que ese no es mi nombre y ella llena de deseo, me nombró por otro nombre causando en mí todo lo incontrolable. Ella por su parte comenzó a girar y subir y bajar rítmicamente para exprimir con su conchita toda mi verga que hacia erupción dentro de ella. Sus movimientos eran salvajes y logré ver que su rostro se deformaba de placer pero sin dejar de verse en el espejo, hasta que se retorció echando su cabeza hacia atrás brindándome todos sus senos ante mis manos que la abrazaban por atrás.

A partir de ahí, todos nuestros encuentros sexuales los hacíamos de esa manera, imaginándonos con otros y otras alcanzando orgasmos increíbles y cuantiosos.

Como les comentaba en un principio, el deseo sexual como pareja formal, se acaba y sólo renace cuando sabemos que nuestra pareja no está tan segura con nosotros y que por el contrario, causa emoción y deseo entre otros.

Por ello, comencé a comprarle ropa a Mary, cada vez más juvenil, de moda y provocativa, así como ropa interior sexy que causara en mi persona deseo al sentírla vestida así por dentro.

Después de semanas de hacer el amor así, imaginándonos en locuras, decidí un día que nos fuéramos de reventón por ahí, iniciando a las tres de la tarde de un viernes hasta que ya no aguantáramos más. Para tal efecto la cité en mi trabajo a esa hora, a las tres, ya que es la hora en que salgo a comer, sin embargo yo ya no regresaría pues me iría con Mary.

Al dar las tres de la tarde de ese día, mi esposa Mary llegó a mi oficina, causando estragos en mi mente y en los ojos de mis compañeros de trabajo. Llegó con una minifalda de color azul rey, tela durazno (de esas que se untan al cuerpo sensualmente). El diseño de la minifalda era algo avergonzante, ya que era tan diminuta que apenas cubría las redondeces de sus nalgas. Todo era un conjunto, para lo cual la parte superior cubría su busto dejando un escote amplio, ya que tan sólo se detenía el vestido en la parte superior sólo se sostenía por un pequeño listón que rodeaba su cuello. Su cabello arreglado para la ocasión y un maquillaje que la hacía resaltar su bella boca pequeña, su naricita respingada y esos ojos seductores que lanzan miradas de deseo. Llevaba un par de zapatillas altísimas y lo más impactante: no llevaba medias en sus piernas.

Al pasar a mi privado, se sentó, dejando ante mí un agradable panorama, ya que su minifalda, se recogía naturalmente al sentarse, exhibiendo sus piernas totalmente y mostrando entre ellas, una prenda blanquísima ( su tanguita), provocando que no dejara de verla. Sus senos se apreciaban sin sostén e invitaban a mirarlos detenidamente ya que incitaban por mostrar algo más de sí, por el escote tan pronunciado. En una ocasión en que ella se inclinó brevemente para acomodarse su zapatilla derecha, logré admirar su pezón erecto libremente al extenderse la tela dejando tan maravillosa vista.

Al preguntarle cómo había llegado, me excitó aún más al decirme que había decidido tomar un microbús (transporte pequeño en México, buseta en algunos países sudamericanos), lo que me puso cachondon pues en esos transportes todo se ve, y todo se intenta. Ya me imagino al chofer al verla subir y a los pasajeros al verla sentar.

Ya estaba por recoger mis cosas y Mary me comenzó a platicar algo que me dejó pensativo.

-Mi amor, ahora que nos vayamos a comer, no quiero que me lleves a un restaurante formal, como es viernes, que te parece si me llevas a una cantina (restaurante donde te cobran la bebida, mas no la comida, por lo que es frecuente que la gente salga de ahí ebria).

Otra cosa que me dejó pensativo fue que Mary me indicó, que ella se adelantaba para reservar el lugar y que yo llegara posteriormente.

Y eso ¿por qué, mi amor? - le pregunté inquieto. -Es que déjame decirte que hoy me siento otra, como que deseo romper con las reglas y por eso quiero hoy hacer más cosas -. Salió sonriente y al tomar el elevador, volteó y me sonrió.

A los quince minutos salí corriendo hacia el BAR ANTONIOS, y al llegar realmente tardé en encontrarla. Al verla sentada, me dirigí hacia ella, quien ya había tomado dos copas, según vi en su mesa. Al acercarme más, logre ver una blancura que destellaba bajo su mesa, ya que sus piernas cruzadas, no lograban ocultar su tanguita, por lo pequeña de la minifalda. No sé si ella se daba cuenta pero no tapaba esa situación y enfrente de ella una mesa de ocho individuos bebían y comían admirando a mi mujer. No dije nada aunque dentro de mí sentía un nudo en el estomago por los celos que ello me causaba. En esos momentos, realmente me olvidaba de los que tanto fantaseábamos en la cama, imaginándola con otros.

Cuatro de la tarde de ese viernes y comenzamos a comer. Nos dieron las ocho de la noche y seguíamos, ya no comiendo pero sí bebiendo. Mary ya se notaba acalorada por el vino dentro de ella y yo algo más desinhibido por la situación. Mary más abierta y después de tanta plática de mil cosas, comenzó a abrirse ante mí.

-Ay mi amor, no sabes cómo me he sentído últimamente. Tenemos cinco días de no hacer nada de cositas por tus juntas en el trabajo, y en verdad me siento hervir por dentro. Hoy vine vestida así para que me hagas el amor como tú sabes. ¿O que no te habías hecho la pregunta de por qué venía así vestida?.

La verdad sí me pregunté el porque de la ropa, sobre todo porque esta muy provocativa y no me imagino cómo la pasaste en el transporte -

Uyyy si te contara todo lo que pasé. Desde que salí de casa, ni un hombre se quedó callado y me decían mil cosas, pero el que sí se pasó fue el chofer de la microbús, ya que cuando me bajé el también se bajó y acercándose a mí me dijo - señorita, no sé si mis ojos hoy hayan sido premiados, pero el que no está tranquilo, soy yo, viéndola tan puta, y aunque lo calla, grita por dentro que ya quiere mi verga dentro de usted, nadamás dígame y ahorita bajo a todo el pasaje-

Y tú qué hiciste amor, porque ese cabrón si se pasó - le dije

-Sólo me di la vuelta y sin decirle nada me retiré y aunque él me gritó no sé qué cosas, yo seguí mi camino.-

-Y cómo te sientes amor, porque yo me siento hervir de deseo. Es que vienes..., no sé cómo decírtelo... vienes distinta... vienes... riquísima... no sé, pero vienes...-

-Vengo muy puta, eso es lo que quieres decir verdad- directamente dijo. A lo que yo quedándome callado como buscando una respuesta sólo la miré.

-La verdad es que hoy quiero sentírme diferente, ser otra, hacer otras cosas, no sé, ser una PUTA - al decir esto me heló la sangre, ya que siempre lo habíamos fantaseado pero el sentírla así me incomodaba y a la vez me excitaba. Ya eran las nueve de la noche, y las copas ya habían hecho algún efecto en nosotros, por lo que en una de esas Mary me preguntó:

Oye mi amor, cuál fantasía tienes tú, alguna que sólo te caliente- a lo que le contesté inmediatamente sin ponerme a mirar las consecuencias.

-Pues veras, siempre he querido verte coqueta, putona, como si no te importara nada más que satisfacerte, en un lugar público, donde a la vez hagas travesuras sin que yo me de cuenta-

Ella me completó la fantasía diciéndome: sabes amor, algo similar he pensado yo, pero sabes cómo; Cuando me haces el amor, imagino que estamos en un lugar lleno de gente, donde todo es posible y lo que no , se inventa para lograrlo. Ahí tu ves chicas guapas y buenotas, y de vez en vez, te las ingenias para manosearlas, tocarlas o guiñarles el ojo como si yo no te viera. Y que yo por mi lado, coqueteo con algunos hombres sin que tú te des cuenta.

Sonreí y seguimos tomando pero avanzadas las horas, salí al baño y a mi regreso, Mary sentada, no se daba cuenta que su minifalda de plano estaba muy arriba enseñando todo lo lindo de sus piernas y parte de su tanguita. Al sentarme y sin decirle nada, apreciaba desde donde estaba yo sentado, su conchita, vestida de la delgada tela de la tanguita y de la cual me excitó sobremanera, algunos vellitos de su cuquita a la vista. Yo estaba ya cachondon y le indiqué a Mary que fuéramos a un salón de baile.

Ella aceptó y cuando íbamos rumbo al lugar, ella con unas copas encima, subió su minifalda hasta la cintura, mostrándome su tanguita. Inmediatamente la tomó de ambos extremos y la columpió hacia arriba, encajándose la tela entre su rajita, restregándola y su mirada entrecerrada me deleitaba, al momento en que su lengua jugaba recorriendo sus labios.

Mary y yo ya no podíamos más y me saqué la verga de mi pantalón en lo que manejaba. Mary seguía hundiéndose la tela entre su rajita y yo exhibiéndole mi trozo de carne. Mary se venció y se agachó dándome una mamada infernal en lo que yo manejaba sobre la avenida. Se recostó en su asiento bocabajo, dejando su culito al aire, permitiéndome hundir mis dedos en su culito y en su conchita en lo que ella mamaba con profesionalismo mi verga. Se la hundía hasta el fondo de la garganta y ensalivándola, la recorría con su lengua, para después enrollarla y succionarla con hambre. En cada alto, yo simulaba no pasar nada, ya que los autos que quedaban a nuestro lado, volteaban a ver y Mary, debajo ocultándose pero sin sacarse ese bastón de su boca.

Logré que Mary tuviera un orgasmo ya que mi posición al volante no me permitía hacer mucho, pero sí lo suficiente para que ella se prendiera totalmente. Al llegar a la MARAKA (salón de baile variable), Mary quedó a disgusto por lo inconcluso de este manoseo.

Estando estacionados en lo que el valet parking llegaba, Mary se salió del auto y desde la ventanilla del mismo, me dijo:

-Amor yo compro mi boleto, y para seguir nuestro juego, te espero allá adentro, me buscas eh-

El valet tardó como diez minutos en desocuparse y cuando llegó, le entregué el carro. Al dirigirme a la taquilla, cuál fue mi sorpresa al ver que las mujeres tenían entrada libre y los hombres tenían que pagar boleto, por lo que hice fila para comprar mi boleto. Eso me tardó más de veinte minutos lo que sumado, me daba ya media hora afuera y Mary dentro.

Logre entrar finalmente y tardé en localizar a Mary, ya que estaba bailando la salsa de Celia Cruz de moda. Al no encontrar una mesa, opté por colocarme en la barra y esperar a que terminara la música; no puedo negar que sentí unos celos terribles verla bailar con un desconocido totalmente.

Pero la música no terminaba y ella seguía bailando. Casi media hora después el tipo dio por concluida esa sesión y se dirigieron al otro lado de la pista por lo que tuve que levantarme para ir en su búsqueda. Al llegar a ella, se encontraba sentada en una mesa con dos tipos y una chica. Al verme, y antes de que me sentara se levantó y dirigiéndose a mí, me hizo una seña para que la siguiera. Así lo hice y alejados de esos tipos, me indicó al oído -Hola amor, te tardaste en llegar, mira no encontré mesa pero esos tipos me invitaron a sentarme y además me invitaron unas copas, que por cierto ya me hicieron efecto, porque están tomando otra bebida de la que bebimos antes. Ya llevo dos copas y tu no llegabas. Mira que te parece si jugamos a que no nos conocemos, pero tú me cuidas, en lo que estoy con ellos. Actúa como si yo te llamara la atención y no me quitas la mirada de encima para que ellos vean que me estas echando el ojo, qué te parece. -No me gusta la idea Mary, tú viniste conmigo a divertirte y no con ellos - Mary se adelantó diciéndome - Mira amor, esta noche vamos a vivirla diferente, vamos a ver, ¿cómo me dijiste que querías verme? Coqueta, provocativa, puta, ¿no es así? Pues vamos a jugar a ello, tú me cuidas y yo te doy gusto sí.-

Sin esperar respuesta se regresó al lugar, y sentándose al lado de esos tipos de aspecto corriente, tomó su vaso y echó un trago, cruzando su pierna y mirándome por la orilla de su vaso.

Yo sin decirle nada, pedí una copa más y la admiraba. Sentía unos celos terribles pero me fui tranquilizando en lo que me familiaricé verla sólo platicando y bailando con esos tipejos. Más de una vez, desde mi ángulo de vista, logré ver su tanguita al subírsele la minifalda y por el juego de luces, no lograba ver sus senos desnudos, cuando se agachaba para acomodarse los zapatos. No sé si esos tipos hayan visto sus senos y pezones por estar más cerca de ella, pero lo que sí vi fue que se estaban deleitando con lo que Mary les mostraba.

Nos dieron las dos de la mañana y tanto Mary como yo, ambos por nuestro lado, nos encontrábamos borrachos, ya que nuestras actitudes así nos lo decían. Mary se levantó para ir al baño y en su camino hacia mí, se tambaleaba, pero al estar a mi lado, me sonrió tontamente y abrazándome me dio un beso en la boca y acercándose al oído me dijo: Oye mi amor, se me ocurrió un juego que nos va a retar a los dos... ¿te atreves...?-

Al voltear mi rostro. Vi que las parejas que estaban a mi lado o los meseros, se me quedaron viendo. Yo no pensé nunca que me veían por el hecho de que una mujer se me acercara y me tratara de esa forma, ya que no sabían que ella era mi esposa. En fin, le pregunté a Mary que ahora que pensaba y ella con la lengua trabada por el alcohol, me dijo, plantándome otro beso.

-Sabes mi amor, siempre me has dicho que todos quieren cogerme y darme hasta que se cansen ¿verdad? Pues estaba pensando qué harías tú si yo vestida así, estando como estoy, siguiera con ellos hasta que terminara la fiesta. Seguramente ellos, me darían un aventón a la casa ¿no lo crees?

Realmente no lo acepté, y dando por terminado ese juego, le dije que se viniera conmigo. Ella hizo un gesto de desagrado y me dijo - voy al baño, regreso por mis cosas y nos vamos -

Al momento que ella se iba al baño el mesero me preguntó la hora, indicándole que eran ya las 2:40 am. Pensé en tomarme una copa más y la pedí antes de retirarme y me la ofrecieron. Olvidé el tiempo, pero confiando en que Mary llegaría a mi lugar, di la espalda a la pista para beber mi copa. Acabé con la misma y extrañado volteé a la mesa donde estaba mi esposa. No estaba nadie y levantándome pregunté al mesero por las gentes ahí sentadas

-Hace cinco minutos se retiraron - Mary se había ido con esos tipos. Me lleva la chingada pensé en mí. Salí del lugar y para mi sorpresa mi auto no arrancaba, hasta que pasada una hora logré arrancar la máquina. Salí a dar vueltas como loco pensando dónde estaba Mary. Para eso me dieron las cinco de la mañana y pensé en que ya estaría en la casa. Me dirigí a ésta y al entrar efectivamente ahí estaba mi esposa. Saliendo de bañarse pues el cabello lo tenía húmedo, pero ya estaba con una corsetería sensual.

Al verme, sonrió y me dijo coquetamente - amor por qué tardaste tanto, ya me cansé de esperarte, ya no aguanto más esta calentura sexual. Vino a mí y abrazándome me besó de una manera ardiente, queriéndose comer mi lengua con sus labios y su conchita hervía de placer, y sólo me dijo - Ahora las cosas las hago yo para que no rompas nuestra fantasía y no nos quedemos con dudas. Extrañado le pregunté a qué se refería a lo que Mary me contestó sensualmente - tu fantasía de verme con otros, ya se te olvidó, por eso forcé las cosas para que esos tipos me trajeran a casa en lo que tú te quedabas en otro lugar, y yo con ellos en su carro vestida como iba vestida para ver si aguantabas - Yo con coraje y deseo le pregunté - y bien ¿a qué horas se fueron esos cabrones o dónde te dejaron? -Mary sólo contestó - Mira amor, imagínate sólo que esos tipos me trajeron a la casa, esta bien, y poco a poco te diré las cosas. -

Yo con el coraje me dejé llevar por las caricias de mi esposa y fuimos a la puerta principal donde Mary me dijo _sabes que siempre he tenido la fantasía de que hagamos el amor a las puertas de la casa, tú y yo vendados de los ojos a esta horas de la madrugada, corriendo el peligro de que alguien pase y nos vea. - la idea me gustó y de inmediato comenzamos con ese ritual amatorio sexual, revolcándonos entre deseo borrachera y adrenalina pura. Abrimos la puerta de la casa y fuimos a dar al portón del garage, donde lo entreabrió Mary, dejándolo más abierto que cerrado. Inmediatamente me puso una gruesa venda en los ojos y ella lo hizo después.

En lo que nos besábamos , Mary me preguntó si no quería saber todo lo que pasó con esos tipos desde que los vio en la Maraka hasta ese momento. Yo golpeado por la curiosidad le dije que sí, que me contara todo.

Mira mi amor, cuando llegué, recorrí todo el lugar para encontrar una mesa donde estuviéramos tu y yo, pero todas estaban llenas. Le di una vuelta total y no encontré nada, y uno de los meseros me dijo que estaban todas ocupadas, por lo que esos hombres que viste, me vieron y uno de ellos se paró y me dijo que me sentara con ellos para que no me cansara. Jamás me preguntaron si iba acompañada, pero yo estaba cansada y acepté pensando en esperarte. Como tardaste, ellos me ofrecieron una copa y la acepté por el calor que hacía ahí adentro. Ellos no me preguntaban si esperaba a alguien o iba con alguien, pero me seguían invitando copas. Como vi que tardaste en llegar, no negué cuando uno de ellos me invitó a bailar. Pensé en que sería más fácil para ti verme bailar que estando ahí sentada con extraños. Acepté y la música siguió y siguió hasta que logré verte. Cuando iba hacia ti, una travesura se me ocurrió. Hacerme pasar como extraña para ti, y que los demás vieran qué suerte tenías, ya que al acercarme a ti te plantara un beso. Nadie sabe que estamos casados y eso le genera un morbo Mary seguía relatándome todo en lo que yo acariciaba su culo bello ambos con los ojos vendados y a un metro del portón del garage abierto. Para eso estando con ellos, no creas que no te veía y me gustaba verte enojado porque sabía que tus fantasías eran sólo eso y que no te gustaría verme con otros ¿verdad? Yo estaba entrando en calor y mientras la besaba y llegaba a su conchita, para darle una mamada total y riquísima, le pedí continuara.

Mary siguió poniéndole picante al asunto - Como pensé que ello te haría desistir de decirme que quieres verme con otros, decidí hacer algo que te pondría a todo en prueba. Irme con ellos a la salida y pedirles que me dieran un aventón a mi casa. Cuando fui al baño, ahí me alcanzó uno de ellos y me dijo, que ya estaba pagada la cuenta y que ya nos fuéramos por lo que ya no pasé contigo. En lo que decidí si irme con ellos o contigo, pensé en que la noche se acababa y debía hacer mi sueno realidad y mi travesura mayúscula, por lo que decidí irme con ellos pidiéndoles me dejaran aquí, en lo que les coqueteaba para ver sus impulsos. Así lo hice a sabiendas de que te enojarías conmigo. Cando íbamos en el carro, que por cierto adelante iban el conductor y su chica y atrás el otro tipo y yo. Me dijeron dónde me dejaban y les fui indicando. En el camino nunca dejé de mostrarle mis piernas al hombre de mi lado. En lo que Mary relataba todo, yo estaba ya penetrándola teniéndola a cuatro patas como perrita, ella bufaba de placer pero no dejaba de contarme todo.

Siguió relatándome - era tanto mi calor que me llevé una sorpresa al voltear y ver al tipo con su verga fuera del pantalón y masturbándose discretamente. Yo hice como si no lo hubiera visto y seguí viendo afuera del auto. En un alto, volteé nuevamente y vi su verga paradísima y con un capullo al frente enorme, mucho más enorme que el tuyo y la verdad me sentía nerviosa de tenerlo a mi lado y yo con una fiebre enorme. Me hice la dormida y sentí cómo esa verga rozaba mis manos. Me hice la dormida y comencé a pronunciar tu nombre para que ellos pensaran que sí estaba dormida. Entonces sentí unas manos que me hicieron dar media vuelta para quedar inclinada frente a él. No hice nada y de pronto sentí ese trozo de carne en mis labios y no opté más que por mamarlo. En un principio lo hacía como si estuviera dormida pero posteriormente lo hice con descaro, mamándolo todo hasta las bolas y agarrándolo con ambas manos. Nunca imaginé otra verga en mis manos y mi boca, y realmente fue sensacional.

Yo por mi parte la penetraba lleno de calor pensando que lo de ella era una fantasía. Mary siguió - Entonces después de un buen rato, el chofer se detuvo y yo sin saber por qué, seguí mamándole la verga fuertemente a ese extraño hasta que se vació en mi boca. Nunca imaginé esto pero ya lo hice amor. Me ganó el deseo. Cuando me levanté estábamos estacionados aquí enfrente de la casa.

Vendado de los ojos, Mary intempestivamente se separó de mí y cuando yo quise tocarla, me dijo sin que yo viera algo:

" ¡Tú no! ".

Desnuda, me dijo que estaba entre las piernas de un hombre mientras él le empezaba a acariciar todo su cuerpo. Yo no veía nada y sólo me dejaba llevar por sus palabras. Me decía que sentía cómo se paraba su verga frente a ella, y que se iba a poner de rodillas entre esas piernas, y me indicó, en lo que yo me tocaba la verga, que estaba bajándole el zipper, y que le iba a tomar su verga para empezársela a masturbar muy lentamente, viéndolo a los ojos mientras le preguntaba sonriendo que si sentía rico... Después de masturbarlo suavemente por unos minutos, mi "infiel" y complaciente esposa (dentro de mi imaginación ya que no veía nada), me indicó que sacaría de su bolsa una botellita con aceite que iba a untar con las dos manos en su verga bien parada, para hacerlo gozar aún más, según me decía...

En ese momento, me dijo pero como diciéndole a otro que su anillo de bodas era una tradición solamente, poniendo burlonamente su dedo con el anillo justo en la punta de su verga mientras lo masturbaba con la otra mano... Como insinuándole que se viniera en el símbolo de nuestro feliz matrimonio...

"Imaginaba yo" que el hombre que tenía Mary frente a ella, no podía creer su buena suerte, ya que éste prometía ser el mejor palo de su vida. Y obviamente el hecho de que ella fuera una mujer casada le daba más sabor a la aventura, porque sabía que ella estaba arriesgando su matrimonio con tal de tener su verga, o al menos eso creía yo...

Después de un rato, ella no se conformó con comentarme que le estaba agarrando la verga y que fue acercando poco a poco su cara y su boca para, finalmente, chupársela de una sola lamida desde la base hasta la punta y de regreso a los huevos, en los cuales se entretuvo un rato besándolos y metiéndoselos a la boca mientras lo seguía masturbando lentamente, diciéndole que tenía una verga rica... De ahí, con pequeños besitos de vuelta a la cabezota de su verga gruesa en la que jugaba con la punta de su lengua ya que, según me dijo, la tenía tan grande que no le cabía en la boca.

Al oír esto, pasaban por mi mente imágenes de mi esposa completamente desnuda, excepto por sus tacones, hincada entre las piernas de un tipo que ni siquiera se había quitado la ropa y que sólo tenía la vergota de fuera, para que Mary se diera gusto mamándosela.

Cuando él ya no pudo más, según me decía Mary al haberle mamado la verga como sólo una esposa sabe hacerlo, ella le quitó la ropa, lo acostó a mi lado en plena banqueta de la calle y lo montó para sentarse despacito en su verga bien parada, todo el tiempo mirándolo fijamente a los ojos y sonriéndole mientras me decía que esto siempre lo habíamos pensado e imaginado...

Me decía en lo que yo no dejaba de masturbarme, que lentamente subía y bajaba en ese palo grueso y duro que tanto la hacía gozar mientras él le manoseaba toscamente sus firmes nalgas y sus piernas bien abiertas...

Me explicaba que ella se agarraba las tetas y, sin dejar de mirarlo un segundo, se acercaba lentamente a su boca para lamer su propio pezón, para después ofrecérselo sonriente para que él las chupara, él se las lamió sin dejar un centímetro seco y le mordisqueaba los pezones, mientras ella no dejaba de cogérselo lentamente, clavándose cada vez más en esa estaca que la estaba abriendo como nunca antes lo había hecho nadie, acariciándole los huevos y riendo de felicidad mientras se abría las nalgas.

Yo seguía vendado pero la realidad en las palabras de Mary, me ponían excitadísimo, imaginándome cómo este tipo, que acababa ella de conocer unas cuantas horas antes, se venía, jadeando de placer con su verga bien adentro de mi adorada esposa, llenándola con sus semen mientras yo oía que Mary decía que su verga era más grande y más rica que la mía...

Mientras ella me contaba esto, se reía de mí, diciéndome que mi verga era una simpleza comparada con la vergota gruesa de ese extraño.

" Lo que me he estado perdiendo... " Dijo Mary, mientras apretaba duro mis huevos en su mano hasta ver que me dolía.

" Este cabrón me cogió más rico que tú porque la tiene mucho más grande y gruesa... "Esa sí es verga! " " Y tú eres un pendejo por haberme dicho que tu fantasía era que otro cabrón me cogiera... y debes recordar que siempre te decía que yo sólo era para ti, y que lo que me decías, sólo lo decías para excitarte y yo... nunca quise, pero era tanta tu insistencia que poco a poco se me fue metiendo en la cabeza esa idea tonta tuya, y sin querer, fui sintiendo un cierto placer nada más de imaginarme con otro y por eso, mírate ahora, otro cabrón me esta cogiendo y ahora ¡tú eres una pendejada por dejar que otros me cojan! " Al decirme esto me escupió la cara burlándose de mí y en verdad a mí me extrañó su actitud aun cuando yo tenía vendados los ojos...

" ¡Él sí me hizo sentír mujer! ¡No como tú, poco hombre! " " Nada más mírate, ahí sentado en el suelo, con los ojos vendados y tocándote tu verga en lo que un cabrón me coge de maravillas ... ahhhhh... uuummmm ¡huele cómo me coge! "

Cuando Mary vio que yo tenía mi instrumento bien parado me empujó lejos de ella, y según me dijo, se recostó en el suelo con las piernas abiertas y riéndose de mí, me ordenó que le chupara bien su hoyo donde la acababan de coger, hasta dejárselo limpio...

Yo con los ojos vendados, y siguiéndole el "juego", le obedecí inmediatamente, hincándome entre sus piernas, y empecé, causándome una sensación que me hizo dar un vuelco... su conchita se encontraba humedísima y sus jugos tenían un sabor diferente, por lo que me quedé sin moverme, como queriendo adivinar de qué se trataba todo esto. Mary al ver que me detenía, inquirió inmediatamente - No pares, o ya te diste cuenta que sí me están cogiendo de verdad - ... Ella se retorcía y no dejaba de decir entre gemidos que en ese " hoyote " que yo estaba mamando acababa de estar la vergota gruesa de un hombre de verdad, escupiendo semen y llenándola con su venida... "

" Ándale papito... Cómete su semen... Así... "

Me decía bien caliente, al sentir mi lengua entrándole. Cuando empezó a venirse, se retorcía gritando que yo era un pendejo que no le servía para nada, y que ella había sido una puta porque yo la había orillado a eso y que después de mucho pensarlo se animó, y ahora no se arrepiente, porque con él cogío más rico que yo, y porque ella sabía que eso era lo que yo quería... Que fuera una puta cada vez que estuviera con otro.

Después, me dijo que se lo iba a seguir cogiendo cuando ella quisiera, y que aunque ella ya tuviera compromisos hechos conmigo me iba a dejar plantado si él o ellos la llamaban...

Dijo que yo tenía la culpa, por haberla dejado coger con otro, ahora ya le había gustado... y ¡que yo me tenía que aguantar!

" Nunca me había sentado en un palo tan grande y tan rico como el de él... De todos modos... A ti no te importa que se cojan a tu esposa, ¿verdad?... ¡Pues ahora no te la vas a acabar! " " Además, ¡a ti nunca se te ha parado como se le para a el! " " Ya quisieras tener siquiera la mitad de la verga que él tiene... ¡No eres ni la mitad de hombre que él es!. Entiéndelo cabrón... desde ahora ya nunca me vas a poder coger como él... ¡Nunca! ¡Cornudo baboso! " Pareciera que le gustaba la idea de, siendo una mujer casada, irse a coger con otro hombre mientras su marido la esperaba en casa, ya que me estaba advirtiendo que así iba a ser de ahí en adelante.

Bueno, pues esto fue apenas el sábado pasado, y después de esa situación extraña, ya que nunca vi nada de lo que sucedía, y sólo me dejaba llevar por lo que Mary decía.

Desde entonces nuestras relaciones sexuales se han tornado algo distintas, llenas de calor y de placer que hace que ambos explotemos a extremos insospechados, ya que Mary desde entonces me dice cuando tenemos relaciones sexuales que ha vuelto a ver una vez por semana más o menos a ese hombre, y que en ocasiones, cuando yo estoy de viaje, se ha quedado a pasar la noche entera con él para regresar a la casa, bien cogida, hasta la tarde del día siguiente. Incluso, que se fue una semana entera con él y sus amigos a una casa de campo, allá por Valle de Bravo.

Recuerdo que en una ocasión, compró unos trajes de baño tipo tanga (los cuales nunca había querido usar cuando iba a la playa conmigo) y tan sólo me indicó que los tendría para cuando fuéramos de paseo, pero las veces que hemos salido, nunca los ha llevado consigo, y cuando hacemos el amor, me dice que sólo los usa cuando estoy de viaje y se va con sus amantes.

Cuando estoy por salir de viaje, ella aprovecha la noche previa para probarse esos bikinis tipos tanga frente al espejo sabiendo que yo la observo así como a sus deliciosas nalgas y me pregunta de una manera coqueta.

" ¿Tú crees que ahora que te vayas de viaje, y me vaya a la playa con mi amigo, le agrade si las uso en la playa frente a sus amigos? Quiero que me presuma ante ellos toda la semana, Imagínate, ¡yo seré la única mujer ahí!. " " Mientras él me va a tener a mí para divertirse toda la semana tú sólo tendrás tu mano para jalártela en el hotel ahora en tu viaje, ¡Pobre tonto! "

Cuando estamos en pleno faje y pronto a cogérmela, antes de irme de viaje, Mary me dice que cuando está con su amante siempre es muy cariñosa con él mientras que le platica como gusta humillarme y que cuando está en el cuarto con él, ella le dice :

"¡Me gusta ponerle los cuernos al pendejo de mi marido! Él cree que le cuento mis fantasías sexuales cuando hacemos el amor, pensando que lo hago para excitarlo y él se imagina que estoy con alguien... Si supiera el estúpido que muchas veces vengo a que me des verga sin que él se entere... ¡Que se joda por pendejo! Quien le manda andarme metiendo en la cabeza ideas de que me meta con otro y me este prestando, ¿verdad mi rey? " " ¡Quiero ponerle sus cuernotes al baboso! ¡Déjame bien cogida para el estúpido, para que cuando llegue, me lama tu semen!

¡Cójeme duro con tu vergota mi amor! Para que me hagas el hoyo más grande y no sienta su verga cuando el pendejo me la meta... No quiero que se le olvide nunca que me culeaste ... ¡Tú sí que me sabes dar verga! Cógeme papacito... Asi... Quiero que él se dé cuenta de que estoy bien usada por ti, y que le dejaste bien abierta y bien culeada a su esposa. ¡Quiero que cada vez que me coja por el resto de su vida se de cuenta de que su verga ya me queda chica para este hoyote que me estás haciendo! ¡Por andar prestando a su esposa! "

Lo anterior me lo dice mientras le meto hasta el fondo mi trozo de carne en su conchita, y por lo menos yo pienso que todo esto me lo dice porque siempre me he excitado con la idea de que otros se la están tirando seguidamente

Cuando ve que estoy excitadísimo, me pregunta si quiere que me cuente más de sus "fantasías"a lo que yo le acepto el plan y ella empieza a contarme, que A veces su amante la hace llamarme de algún cuarto de hotel mientras se la está cogiendo por el culo solo para que ella me diga que me ama o para inventarme que va a llegar tarde porque se encontró con unas amigas. A él le gusta ver a mi esposa infiel tratando de controlar mientras ella habla por teléfono con el cornudo de su marido sólo para reportarse y tenerlo tranquilo...

" Si supiera el imbécil " según dice el, riendo. " Ni se imagina que mientras oye la dulce voz de su adorada esposa diciéndole por teléfono que lo ama, la perra está de rodillas en el piso de un cuarto de hotel, ofreciendo su culo bien parado y abriéndose las nalgas para que le metan la verga sin piedad por atrás."

Mary me dice que luego, cuando ella cuelga el teléfono, él le saca la verga del culo y se da los últimos jalones para venirse en la boca y en la cara de mi adúltera esposa, embarrándola de semen toda, hasta su anillo de bodas, mientras los dos se ríen de mí.

A mí me gusta cogérmela todavía caliente, pensando que se la ha cogido otro... Ella me dice que le gusta llegar conmigo chorreando de semen de otro hombre por sus piernas para que yo me los coma y luego me la coja. Estamos de acuerdo.

Cuando le meto la verga, pensando que otro ya se la cogió, siento un placer inusitado como si la hubieran dejado bien abierta y bien llena de venida.

Ella me dice :

" Así papacito... Cógeme en su semen... Méteme tu verga en su venida... ¿Sientes cómo me dejó? Me cogió rico tonto... Y me echó mucho semen y muchas veces... ¡Muchas más que tú! Así... Ahora sácamela y déjame chupar sus semen en tu verga... Mmm... ¿Te gusta verme chupar su semen en tu pito, cornudo? Es que me gustan mucho, mira... Mira cómo me los como... ¡Así me los comí en su vergota!

Métemela otra vez, que quiero que te vengas en su venida... Quiero sentir el semen de los dos bien revueltos en mi hoyo caliente... Así... " " ¿Te estás viniendo ya, papi? ¿Quieres mezclar tu semen con los de un hombre de verdad en el hoyote de tu esposa? ¡Échamelo! ¡Ándale pendejo, lléname tú también con tu semen, porque cuando acabes te lo vas a comer todo! Lo tuyo y lo de él... ¡Así papi!... ¡Quiero que te vengas rico imbécil, para que me eches mucho semen y tengas más de comer!... ¡Cornudo! "

Sin embargo, ahora, después de todo, ya no sé si todo lo que dice tiene un fundamento, o simplemente lo hace para que yo goce cuando hacemos el amor...Ustedes qué opinan... ¿Mary es una mujer de palabra o no y mi fantasía se hizo o no realidad?


Por odracir - 07/10/2007 20:21:30 [denunciar este mensaje]
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Cigarrillos para ellas (Anónimo)
Lo había leído en una revista, uno de esos anuncios de artículos que prometen cosas imposibles, esos que se venden por correo, soy aficionado a ellos, aunque está claro que son un timo, me resulta curioso verlos, me divierto bastante pensando en la cara que pondrá la gente que los compra esperando que realmente funcionen como dice su anuncio. Hace poco compré una cámara que, según el anuncio, permitía ver a través de las paredes, VoyeurCam se llamaba, cuando la recibí, comprobé, (como sabía de antemano, claro está,) que no funcionaba. Era una especie de bolígrafo extraño con una especie de falsa lente en la punta, un timo vaya. Pero lo que acababa de leer sí que era impresionante, el anuncio era de unos cigarrillos, a los que el anunciante atribuía un poder "hipnótico", prometía que si una persona fumaba un cigarrillo, quedaría totalmente "desconectada" de la realidad durante dos horas y después, al despertar, no recordaría nada de lo ocurrido en ese lapso, me harté de reír, menuda tontería, ese articulo tenía que estar en mi colección de cosas absurdas, no lo dudé un instante y lo pedí.

Al cabo de unos días lo recibí en casa. El paquete tenía el aspecto de una cajetilla de cigarrillos normal, pero no llevaba impreso nada, estaba totalmente en blanco y venía acompañado de un pequeño folleto con las instrucciones: "Normalmente bastan unas caladas para que el principio activo comience a funcionar" decía el folleto entre otro puñado de cosas absurdas. En fin lo puse en la estantería donde coloco todas estas cosas que tanto me gustan, pero lejos de olvidarlo por completo, como me sucedía con todas estas cosas, no dejaba de pensar en ello, estaba deseando probarlo, así que me fumé uno, pero como era de esperar no pasó nada, por un momento había tenido una pequeña esperanza, pensaba en lo que hubiese podido hacer si funcionase, en mi facultad hay alguna chiquilla que me pone a cien y gracias a este "invento" podría despachármela a gusto, en fin sólo es una tontería pensé, aun así decidí coger un par de ellos y meterlos dentro de mi cajetilla de Marlboro, el diseño de los cigarros era el mismo con la salvedad de que no llevaba impreso el nombre de la marca comercial. Al día siguiente en un descanso de clase, decidí probar a darle uno a una amiga, sí amiga, porque ella no quería ser nada más claro, se llama Patricia, y esta buenísima la cabrona, mide 1,65 y me encanta su culo, siempre he soñado con poseerlo, por no hablar de sus pechos pequeños pero preciosos. La llevé cerca de los lavabos, y apuré charlando el tiempo para que la hora de la siguiente clase se acercase y se despejasen los pasillos de gente, ya casi era la hora y no había nadie cerca de nosotros, ella me dijo: -Vamos dentro que vamos a llegar tarde-, entonces la ofrecí el cigarro, después de un instante de duda lo cogió, -Vale pero rápido que no llegamos-, no te preocupes que seguro que llegamos.

Me temblaban las piernas, encendí su cigarro, ella le dio una calada y parecía que nada iba ocurrir, yo la miraba fijamente, pasaron unos segundos, dio otra calada, -¿qué tal?- le dije, pero ella no contestó, estaba allí de pie, pero parecía no oírme, entonces, me acerqué a ella y le toqué levemente un pecho, nada, no se inmutó, me acerqué más y la sobé las tetas a gusto durante unos segundos, ella seguía inmóvil, con el cigarro entre los dedos, entonces mi libido se disparó, la pasé el brazo por encima del hombro y la empujé levemente hacia el lavabo de caballeros, entramos y la conduje hacia uno de los retretes, cerré la puerta y la senté en la taza, la quité el cigarro de los dedos y lo apagué, después le quité el suéter rojo que llevaba, y descubrí su sujetador, dios era rojo también de esos transparentes, se lo quité y ante mí quedaron sus pechos desnudos, la polla se me puso durísima, como nunca antes, creí que me iba a reventar, la sujeté por los hombros y la levanté un poco, y no sin dificultad conseguí quitarle los pantalones, dios mío, lleva un tanga precioso, rojo, que deja al descubierto su precioso culito, era precioso pero no tardé en quitárselo para poder ver su precioso coño, dios estaba precioso, tenía el vello recortadito en forma de triángulo. Me bajé los pantalones y restregué mi polla por sus tetas, la tumbé en el suelo, separé sus piernas y comencé a separar sus labios para poder admirar su coño en todo su esplendor, dios qué preciosidad, no me lo pensé más y comencé a penetrarla, tuve que parar porque no estaba lubricada, así que me tumbé en el suelo y la lamí una y otra vez, hasta que su oquedad se convirtió en un río de flujos y saliva, entonces la penetré, me tragó mejor dicho, dios qué placer, notaba su calor, dios su coño estaba bastante acostumbrado a estas lides, como pude comprobar porque deglutió mi polla sin ningún problema, al cabo de unas acometidas su vagina se ajustó a mi pene como un guante, la agarré por debajo de las axilas y me incorporé, entrelacé sus piernas en mi cintura, y comencé a penetrarla salvajemente, dios qué placer, mis embestidas eran brutales, y ella seguía con el mismo gesto de antes, la mirada perdida, como si nada estuviese pasando, la estaba sobando el culo y las tetas, seguro que la iban a quedar cardenales, dios notaba cómo el semen subía desde mis huevos, y reventé dentro de ella, me corrí como una bestia, y me senté con ella encima empalada aún... CONTINUARÁ


Por odracir - 07/10/2007 19:46:32 [denunciar este mensaje]
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Camino al motel (Anónimo)
Mi esposa tiene 28 años, no es muy alta, debe medir unos 160 cm., muy hermosa, blanca, ojos verdes, pelo negro largo... piel tersa y suave, tenues y sensuales curvas, un culo de antología, medianos y compactos senos, maravillosos pezones. Partimos a media noche, como de costumbre ... sube al auto, se acomoda y nos vamos. Al comienzo estamos como indiferentes, conversamos... no nos miramos demasiado, yo finjo poner sólo atención a conducir... sin embargo, sé que basta que le roce la pierna o que la abrace para que se me acerque instantáneamente y no se despegue más. Bueno así fue, la abracé y le pregunté porque estaba tan fría... ella no hace más que negarlo... comienzo a tocar fuertemente sus senos con mi mano derecha mientras continúo manejando, me encanta saber que tengo el control total sobre ella... aunque no necesito decirle lo que haga, basta sólo una insinuación y ella inmediatamente se dispone a realizarlo. Es así como luego, pongo su mano derecha sobre mi pene, que ya esta bastante rígido imaginando todo lo que sucederá. Comienza inmediatamente a sobarlo por fuera de mi pantalón mientras no me quita la vista para ver mis reacciones... desabrocho uno de mis botones del pantalón, lo cual es señal que quiero que me lo saque y me pajee mientras viajamos... no vacila un instante y ahí esta acariciándolo, de arriba abajo, tocándome las bolas... sí que sabe hacerlo, es increíble... me encanta... me caliento. Ella está esperando que tome su cabeza y le insinúe que quiero que me lo chupe... le encanta, la tomo por sobre su cabeza y casi por gravedad su cabeza cae entre mis piernas, se lo mete todo... lo saca, lo saborea, le fascina... me masturba, lo mira, lo admira, lo lame, le pasa la lengua... me gusta tomar su cabeza y mostrarle el ritmo que tiene que seguir, luego me lo chupa cronométricamente como le he señalado, hasta que le hundo su cabeza para que mi pene le entre hasta la garganta. Hace un tiempo, me ha dicho que le molesta un poco aquello, puesto que se ahoga y no puede succionarlo como a ella le gusta, pero que si a mi me da placer, que lo haga sin ningún problema, tan solo que la deje respirar luego de un instante... me gusta que los demás conductores sientan envidia de ver como me lo maman en plena carretera...ellos van solos o acompañados de viejas feas... y seguro envidian la hermosura y el placer que me dan a mí. Esto porque siempre viste jeans ajustados y alguna prenda corta arriba, que al extenderse desde su asiento a mamarme deja ver su maravillosa cintura y se adivina un culo fenomenal... en todos estos años me lo ha mamado tanto que estoy algo inmune a acabar pronto... podría mamarme horas y no acabaría... cuando tengo relaciones con otras mujeres siempre me hacen aquella observación... y es que soy demasiado duro para terminar... lo que más me gusta y ella lo sabe, es que una vez que ya me tiene bien caliente, me lo ha mamado bastante y quiero acabar, se lo digo... no con palabras ... se lo hago ver hundiéndola más seguido contra mi pene... luego de tenerlo en su garganta y sacarlo a intervalos menores, ella me masturba muy rápidamente, mientras su lengua se mueve juguetona sobre mi glande... me vuelve completamente loco... me proporciona un placer increíble... en estos momentos tengo que poner las luces de estacionamiento y detenerme a un lado del camino, sea donde sea... a ella no le importa en absoluto donde estemos... está como bajo hipnosis... como en un trance, desde que comienza hasta que esto termine no se distrae siquiera un segundo en nada, lo hace como si en ello se le fuera la vida... me masturba veloz, con su lengua completamente fuera de su boca y en mi glande... sabe que se aproxima un chorro de mi semen y que debe recibirlo en su boca abierta... así es que continua imperturbable masturbándome y lamiendo, emite gemidos que se mezclan con los míos... me vienen unos espasmos apoteósicos... no puedo evitar gritar... y hacer amplias contorsiones mientras despido mis chorros de semen que en su mayoría van a parar a su boca, mis gritos, espasmos y contorsiones son de tal magnitud que ella dice que HighLander luego de enfrentarse con un inmortal queda reducido a un teletubbie comparado conmigo en el momento de acabar... y no es para menos... sabe que me duele si me continua pajeando y aunque le gustaría metérselo a la boca y continuar mamándome, solo pasa su lengua por todos lados para recoger hasta la última gota de semen que quede... Cuando esto sucede ya estamos cerca del Motel, nos preparamos para entrar... pero eso será de otra historia... Adoro las delicias de la vida conyugal.


Por odracir - 07/10/2007 19:45:06 [denunciar este mensaje]
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BioPlasma PN69 por Raul Edgardo Naidich
En aquel pequeño laboratorio edificado sobre terrenos linderos al I.N.T.I., al costado de la Av. General Paz, la Comisión Nacional de Genética conjuntamente con la Universidad de Buenos Aires, habían desarrollado un polo de investigación líder en Sudamérica.

Hacía dos años que estaban experimentando con biología molecular y biogenomas, alterando el mapa genético de amebas y células nerviosas. La investigación ultrasecreta era conocida en ese ámbito como proyecto Bioplasma PN69.

Estudiaban el extraordinario comportamiento de este producto de laboratorio que fue desarrollado en una gran incubadora blindada de tercera generación y alimentado con oxígeno, plasma humano, semen, excrementos y desechos animales.

De aspecto gelatinoso sólido, blanco azulino, por momentos crepitaba, fluctuaba y se reproducía, ya que actualmente había logrado ocupar un volumen de más de 2 metros cúbicos.

Dentro del monitoreo de su evolución, se habían detectado rudimentarios movimientos por estímulos nerviosos y hasta un cierto tipo de ondas cerebrales simples.

Esa noche, ya el reloj marcaba las 3 a.m. y el joven Dr. Ariel era el único que se había quedado después de hora. Estaba muy agotado, por momentos se le cerraban los ojos y ya había bostezado más de lo razonable.

Pero como estaba muy adormilado para conducir su automóvil, decidió pasar previamente por el vestuario contiguo, para darse una ducha rápida antes de salir al fresco del exterior.

Apagó todas las luces del laboratorio, salvo la luz testigo y se comenzó a desvestir. Primero el guardapolvo, el conjunto blanco y finalmente cuando se sacó el slip, se quedó pensativo, sobándose los huevos y la pija. Se rascó un poco culo peludito y tomando la toalla se dirigió al sector de duchas arrastrando pesadamente las ojotas.

Antes de abrir siquiera el agua, de repente escuchó desde el laboratorio un estampido con claro ruido a vidrios rotos. Enfiló presuroso hacia donde le pareció que provenía el sonido, totalmente desnudo, solo con la toalla en la mano y perdiendo por el camino las ojotas.

La tenue luz testigo fue suficiente para comprobar que había estallado el vidrio de la incubadora y el bioplasma ya no estaba allí. Se desesperó pero no podía arrimarse mucho por estar descalzo y haber vidrios desperdigados.

Se agacho un poco para apreciar mejor el desastre y sintió de repente que por detrás algo le tocaba los pies. Giró asustado y pudo ver que el bioplasma había formado un cúmulo de un metro de diámetro por dos de altura y estaba avanzando proyectándose hacia él.

Pegó un grito de auxilio, pero nadie lo podía escuchar tras las gruesas paredes aislantes. Sus pies quedaron atrapados, por la densa biomasa que pegajosamente se fue adhiriendo a sus piernas, hasta hacerlo trastabillar y caer de costado lateral. Era una situación de terror.

Ariel seguía gritando pero nada podía detener a la masa, que ya lo había recubierto desde los pies hasta la cintura. Estaba atrapado y más se agitaba, más el bioplasma lo sujetaba, como un grueso guante calcado. El engrosamiento lo estaba momificando paulatinamente. Sintió una fuerte presión a la altura de los huevos y ese sector del material comenzaba a rodear la pija, succionándola como queriendo absorberla pero sin lastimarlo.

Con un movimiento ondulatorio lo estaba literalmente ordeñando y la pija se le puso dura desarrollando por lo menos 20 cm. de joven carne indefensa, más un placer irrefrenable que lo colmó.

También se daba cuenta que la biomasa se había apoderado de su cintura y se hacía más fuerte a la altura del culo, sentía como le hurgaba el ano. Ahí le paso por la mente el asunto que la biomasa había sido creada como ávida consumidora de excrementos humanos, y no se equivocaba, la masa había detectado vestigios de caca en el esfínter anal y la estaba procesando. Luego lentamente le ingresó por el ano para absorber lo que encontraba y se formó una dura protuberancia que se engrosaba segundo a segundo, y que para ingresar al sector intestinal le estaba abriendo más y más el orto.

Más se resistía más el bioplasma le entraba en la cola, se sintió más que violado eso ya era categoría recontracogido. La entrada de biomasa también le estaba masajeando la próstata, que sumado a la succión del pito lo estaba transportando a un tremendo orgasmo involuntario.

El Dr. Ariel se fue abandonando y de repente empezó a eyacular. Toda la biomasa comenzó a estremecerse al nutrirse ávidamente de esa leche y trataba de exprimirlo hasta la última gota con nuevas succiones. Hasta hacerlo eyacular copiosamente por segunda vez.

Asi pasaron las horas entre penetración y ordeñada. El Dr. Ariel estaba totalmente inerte de tanta exigencia, pero la biomasa reclamaba más y más.

A las 7 h a.m. cuando ingresó el personal de mantenimiento, se quedaron absortos de verlo dormitando desnudo sobre el piso, mientras la biomasa también parecía dormitar abrazándolo a su lado.

Desde entonces la relación que se estableció entre el Dr. Ariel y el Bioplasma PN69 se hizo cada vez más estrecha.

Y fueron felices.

Fin



Por odracir - 07/10/2007 19:43:36 [denunciar este mensaje]
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La Doma (II) por Natalia ww
Me despertó tironeando de la correa que llevaba en el cuello. El sol sobre mi piel era mágico, me abrazaba y acariciaba como si lo hicieran mil brazos y manos. Me arrupaba entre sus rayos y me adormecía.

Miré a mi señora con ojos somnolientos. Acércate que el sol ahora llega hasta aquí, quiero que duermas a mis pies dijo. Lo hice gateando y cuando llegué a la altura de sus rodillas me acarició y acomodo mi pelo. Pegué mi rostro a esas manos moviéndome como lo hacen los gatos cuando los acarician y le besé la mano por la satisfacción que me daba. Qué haces puta me dijo. Le agradezco mi señora, por favor no se enoje y la miré asustada. Mi señora tomo unas fetas de jamón que tenía sobre la mesa blanca y redonda del jardín y las arrojó al suelo pisándolas con sus pies desnudos. Dale, come algo puta que debes estar muerta de hambre. Eso era cierto, hacía dos días que no comía nada y al ver las fetas de jamón solté un gemido. Me agaché hasta sus pies con gran esfuerzo por las ataduras que me aprisionaban las manos en mi espalda.

Llegué con mi boca a sus pies y gimiendo comencé a lamérselos. Encontré una punta del jamón que sobresalía y mordí y tragué sin masticar. Así busqué todo lo que quedaba alrededor de sus pies y lo comí rápidamente. Esto más que saciar mi hambre la incrementó y comencé a besar y lamer sus pies en su totalidad. Lamí sus dedos, sus contornos, los chupé. Recorrí su empeine y luego de un largo rato ella levantó uno y comí todo lo que éste movimiento había descubierto, luego lamí la planta de su pié impregnada de el olor de la carne. Repetí lo mismo luego con el otro. Puta la verdad que me sorprendes, te estas portando muy bien dijo mi señora y yo me llené de felicidad por su aprobación. Acuéstate y duerme un rato más. Me acomodé a sus pies y los besé infinitamente hasta que me dormí.

Me desperté con frío y vi que ya era de noche. Mi señora estaba en la cocina hablando por teléfono y me observaba a través de la puerta. Me arrodillé, pensando que era lo que querría, y la esperé. Una vez que cortó el teléfono me desató la correa de la silla y me llevó a la cocina. Allí, me volvió a pasar la crema por mis piernas y nalgas, quejándose nuevamente de las marcas. Sabía que las marcas la preocupaban y yo sabía que no me maltrataría por eso.

Te has portado muy bien toda la tarde putita estoy satisfecha, espero que no lo arruines.

Mi señora me ató el collar a una alacena dejándome solo unos pocos centímetros de correa, con lo cual quedaba curvada hacia adelante ya que a la altura de mi abdomen se extendía la mesada y tuve que ponerme en puntas de pie. Mi cola en esa posición quedaba desprotegida pero me tranquilizaba su preocupación por las marcas.

Pensaba en que terminaría todo esto, recordaba las palabras de José "ya que no irás nunca más" refiriéndose a mi trabajo. Pensé en mis tías, pero hacía un año que no las veía. José sabía todo esto. Sabía que nunca había conocido a mis padres y me pregunté si mi señora conocía esta situación. Me pregunté por qué se preocupaba tanto mi señora por las marcas del látigo y pensé en lo de "las llevaban solo las rubias de pubis dorado, que éstas no eran depiladas en esa zona". ¿Hacía esto con otras chicas?

La incertidumbre me ponía ansiosa, deseaba por momentos terminar esto de una vez y por otros quería aprovechar el buen trato que me había dado desde la tarde deseando quedarme así como estaba.

Pensaba todo esto pero quizá quería escapar un pensamiento que me avergonzaba y me confundía terriblemente. El pensar en sus caricias en mi pelo sus pies, el hecho de haberlos lamido con tanta dedicación me excitaba. ¿Por qué no la odiaba? Trataba de alejar este pensamiento como fuera pero no lo lograba. Estaba atada, desnuda y ofreciendo mi cola, me dolían ya las piernas, pero me estaba excitando con estas imágenes que recordaba. Llegué a tal grado de excitación que dejé escapar un gemido transformado en suspiro que pensé mi señora no había llegado a escuchar

¿Que pasa puta? ¿Estas calentita? Me asustaba que supiera cada cosa que pensaba, cada gesto y movimiento mío sabía exactamente que me llevaba a hacerlo.

Lo primero que salió de mi boca sonó con la acentuación de un sí pero con el sonido de las emes. Y a continuación pronuncié "mi señora" como recordándolo en el último instante.

Es increíble, dijo mi señora y agregó: has nacido para esclava ¿Quieres besarme los pies? ¿Cómo sabía que en esto pensaba?

Sí, mi señora, respondí.

Mi señora me desató la correa y las manos, tenía los pezones erguidos y doloridos por los aros. Pero esto me excitaba aun más.

Se sentó en una silla y me obligó a ponerme a cuatro patas. Se cruzó de piernas y me ofreció su pie. Me incliné y comencé a lamerlo Mi excitación crecía a cada lamida dada y comencé a notar que cuando balanceaba mi cola, el aro que llevaba en mi clítoris rozaba la zona causándome un placer inimaginable.

Mi señora vio esto y me pegó con una rama finita en la espalda. Puta sé lo que haces, separa las piernas. Lo hice de mala gana y recibí otro azote aún más duro y me doblé dolorida, aunque enseguida, me metí un dedo de su pie en la boca y lo succioné calmando con esto mi señora.

Lamía ese pie como la fruta más rica que había probado, sentía la excitación vibrando en mi vagina y tenía tal necesidad de ser penetrada que se me escapaban quejidos que emergían desde muy adentro de mi cuerpo.

Podía sentir toda la entrepierna mojada con las brisas que entraban desde el jardín y la necesidad de ser llenada se hizo tan insoportable que dejando de lamer el pie de mi señora levanté mi vista y le supliqué que me penetrara con lo que fuese. Cállate puta, pareces una perra en celo. Por favor mi señora, se lo ruego por lo que más quiera. Déjeme aunque sea juntar las piernas y moverme como lo hacía antes. Mi respiración se entrecortaba y me Joséba pronunciar las palabras. Una vez excitada eres incontrolable puta, deberás aprender a callarte dijo mientras se paraba. Quédate como estás, gritó. Y se puso detrás mío.

Le ofrecí mi culo como nunca lo había ofrecido a nadie. Quería que me pegase, que me hiciera cualquier cosa.

Eres la puta mas puta del universo, exclamó, pero me caes bien y tienes el cuerpo más delicioso que vi en mi vida, así que te dejaré elegir el castigo. Escucha bien puta. Un aro en la lengua y quedar toda la noche parada y atada de ese aro a la pared. O una pija metálica con electricidad que yo controlo en el culo. Piensa que esto es bueno, porque te mantendrá la dureza en tu precioso culito más que cualquier ejercicio.

Mi señora, sé que merezco el castigo pero si lo pudiese elegir preferiría el látigo.

Puta sabes que la doma con el látigo está suspendida hasta que esté segura de que no te queden marcas permanentes. Jódete por puta, por quedar tan lastimada, sufres los castigos más duros por esto. Elige.

Las dos opciones me aterraban y no me decidía a ninguna.

Decide ya o elijo yo, me gritó la señora haciéndome temblar.

El aro mi señora dije.

Muy bien, ponte de pie. Me colocó el collar.

Vamos, me dijo. Así no puta, en cuatro patas como la perra en celo que eres.

Me acomodé en la posición que ella quería y me llevó tirando del collar. El aro de mi clítoris me rozaba con cada movimiento de mis piernas dándome un placer infinito.

Mi señora se dio cuenta de ello y comentó: Ya aprenderás puta, ya vas a aprender

Entramos en una habitación de la casa en la que nunca había estado. En ella vi una camilla y varias vitrinas como las que tienen los médicos en sus consultorios. Hasta el mismo olor había en el lugar.

Bien puta súbete a la camilla y colócate boca abajo. La camilla tenía un agujero para el rostro, como la de los masajistas y coloque allí el mío. Mi señora me ató todo el cuerpo con tiras que atravesaban la camilla y me fijó bien la cabeza. Una vez inmovilizada empezó a levantar la camilla con una palanca para ponerla en forma vertical dejándome apretada contra la pared. Me colocó en las fosas nasales unos ganchos que me estiraban la nariz hacia atrás y que me molestaban horriblemente.

Después dijo: Saca la lengua puta. Saqué mi lengua y la tomó con una pinza que tenía dos aros en la punta y el mango era como una tijera corriente. Me apretó tanto que grité y las lágrimas se escaparon de mis ojos.

Luego me puso dos palillos bien atrás en la lengua, uno arriba y el otro debajo y los ajustó con unas llaves que tenían al costado. Esto impedía que pudiese meter la lengua en mi boca y el dolor que causaba era peor que el de la pinza. Yo aullaba y sabía que nada podía hacer.

Mi señora tomó una aguja igual a la que había usado en mis senos y vagina y luego tomó la pinza y me mantuvo la lengua. El primer pinchazo fue terrible y lo prolongó un tiempo eterno. Luego siguió el camino y pude sentir como mi lengua era atravesada. Yo lloraba a gritos y recién después de un rato me colocó la argolla.

Me culpaba a mí misma por haberme causado ese dolor y me sentía angustiada por esto.

Vamos puta. Volví a la cocina a gatas y derramando lágrimas.

Ya está puta hasta cuándo vas a seguir llorando me gritó mi señora y me fui tragando el llanto.

Perdóneme mi señora me he portado muy mal.

Ja Ja puta no te entendí nada. Con esto aprenderás a estar callada. El aro en la lengua me impedía pronunciar correctamente las palabras y cuando más me esforzaba por hacerlo más me dolía así que me callé. Mi señora me ató a la alacena como lo había echo antes y se preparó algo de comer. Comió y yo no recibí nada. Estaba desfalleciente de hambre y el olor de la comida era una tortura.

Cuando mi señora decidió que era hora de aJosérce me llevó a su cuarto y me colocó contra una pared que tenía varios ganchos. Colocó una cadenita de unos diez centímetros de largo entre la argolla de mi lengua y un gancho que quedaba a la altura de mi boca. Luego me esposó con las manos en la espalda. Quedé ahí parada con la lengua afuera y midiendo cada movimiento de mi cuerpo.

Mi señora apagó la luz y se durmió.

Me aterraba la idea de hacer algún mal movimiento, de quedarme dormida o que mis piernas se cansasen. No se cuanto tiempo estuve así. Fue eterno. Cuando los nervios se me empezaron a quebrar ya no podía aguantar más. Comencé a llorar con un llanto amargo y me desesperé.

Mi señora me sostuvo en el momento que mi flaqueza llegaba a un punto nefasto.

Había pasado 4 horas en esa posición.

Ay putita, no vaya a ser que te lastimes esa lengüita. Mis lagrimas estaban cargadas de nervios.

Me Joséba meter la lengua en la boca. Pensé que se me había estirado kilométricamente. Mi señora me quitó el aro de la lengua de forma ruda y dijo: ¡Ay! Putita mira la carita que tienes. Casi diría que me enterneces. Ponte de rodillas. Lo hice casi cayendo por lo cansadas que tenía las. Mi señora me ató la correa del cuello a la pata de su cama dejándome sólo unos centímetros entre el collar y ésta. Casi mi boca se apoyaba en la pata. Así dormí hasta el mediodía.

Me desperté de muy mal humor. Este se enfocaba a un odio contra mí misma que me amargaba el gusto. Y me propuse darle grandes satisfacciones a mi señora a lo largo de todo el día que comenzaba.

Puta te has despertado. A partir de ahora deberás llamarme mi señora, mi dueña o mi ama según la ocasión y serás tu quien tendrás que darte cual es la adecuada. Recibirás un castigo ejemplar por cada error que cometas. ¿Has entendido?

Sí mi señora, dije con la contradictoria sensación de estar contenta de verla y que me dirija la palabra.

Mi señora, ¿puedo decir?

Di puta.

¿Podría mi señora desatarme los brazos? No soportaba más tenerlos atados tanto tiempo y agregué: por favor.

Aún no puta. ¿Qué es esto? Te has meado de nuevo?. Lo limpias con la lengua y a partir de ahora pedirás permiso para hacerlo.

Sí mi señora. Me desató las manos y comencé a chupar todo lo que había mojado.

Eres un asco. Cuando termines vendrás a buscarme al jardín como perra, esto era a cuatro patas.

Llegué a el jardín y me acomodé de rodillas a su lado. Mi señora estaba tomando sol y sobre una mesita tenía de todo para comer.

Mi señora, ¿podría comer? Dije desesperada.

Sí puta, ahora te daré algo que ya estas muy flaca.

Comí de todo, pollo, ensalada, fiambre, queso, papas fritas, utilizando las manos.

Esto te lo has ganado puta, pero no creas que comerás así siempre.

Se lo agradezco con toda mi alma mi señora dije alegre.

Durante las horas que siguieron mi señora no me prestó atención. Me puso la crema para mis heridas, me bañó con la manguera. Pero pasé largas horas atada a la higuera sin saber nada de ella.

La extrañaba, me sentía sola. Quería verla. Besarle sus pies. Quería demostrarle que haría todo lo que me pidiese esmerándome hasta el límite. Tenía unas ansias locas de satisfacerla

Ya de noche, cuando volvió, me aplicó un enema. Luego de descargar mi vientre me dio un baño pero esta vez con todo cuidado. Me limpió con jabón cada lugar de mi cuerpo, me lavó el cabello con shampoo y me puso acondicionador, me lo desenredó y lo enjuagó suavemente. Me recortó el vello de mi pubis y me cepilló los dientes. Me perfumó y me embelleció las manos y los pies.

Jamás me había sentido tan bien. El suave viento del verano me acariciaba entera. Mi piel olía exquisita y la luna que se asomaba me la emblanquecía como haciendo una oda a mi belleza. Podía respirar profundamente el olor de Buenos Aires y me di cuenta de cuanto lo extrañaba. Era una melancolía que me llegaba como un regalo hermoso y ansiado.

Mi señora me puso un collar de cuero azul ajustado en el cuello. Al tobillo derecho le puso una cadenita también azul bellísima. Me desató y me adornó con dos pulseras de plata las muñecas. Eran estas unas argollas perfectas que se curvaban al caer sobre mis manos. Luego me puso unos zapatos negros de una finura exquisita, eran hermosos, con un tacón altísimo. Me cepilló el cabello y me lo recogió ofreciéndole mi nuca a la brisa porteña con un peinado esmerado.

Quería verme, me moría de ganas, estaba feliz y se lo supliqué a mi señora

Me paré frente al espejo y lo primero que vi fueron mis pechos, erguidos y grávidos se elevaban pesados y tensos. Estaban enormes y hermosos. Los aros embellecían aún más los pezones que se pronunciaban rosados y duros. Mi pelo estaba recogido y algunas mechas doradas me enmarcaban el rostro. Mi mirada era triste y húmeda pero la creí aún más bella por esto. El collar que llevaba era un adorno perfecto para mi cuello, me encantaba tenerlo y sentía que con él le pertenecía aún más a mi dueña.

Estaba flaca y se me notaban algunas costillas, pero esto no me afeaba y resaltaba las curvas de mi cadera. Lo que más me gustó fueron mis piernas, larguísimas y perfectamente delineadas con los zapatos que llevaba.

Giré para verme la cola. Estaba surcada de líneas rojas y recordé el látigo y lo desce en manos de mi señora.

Mi señora dijo que estaba bellísima y me hizo chupar una fresa que aprisionaba entre sus dedos. Me la dio y la saboreé con gusto. Me puso otra en la mano y dijo que me la introdujera en la vagina. Lo hice.

Le pregunté a que se debía tanto honor y me respondió que me presentaría a unas amigas y al ver mi rostro asustado me dijo que no me preocupase por que me iba a encantar lo que me harían. Y me advirtió, llegas a comportarte mal y el castigo que recibirás será tan horrible que desearás ni haber nacido.

Me asustó mucho la amenaza y me dispuse a hacer lo que se me ordenase al pie de la letra.

Me colocó una correa en el collar y me llevó a la sala principal de la casa. Una vez allí ató la correa a una caña que cruzaba el techo y me dejó parada en el medio de la habitación.

Mi señora entró al rato muy divertida entre risas con dos mujeres de su edad. Una llevaba atado a una correa similar a la mía a un chico que era hermoso y muy chico, tendría unos 18 o 19 años. La otra, a una chica bellísima también que tendría mi edad, quizás unos años más. Llevaba una cadena entre los aros que tenía en los pezones. Los ataron de la misma forma que a mí como a un metro de distancia quedando los tres en fila, yo en el centro.

La belleza del chico me impresionó tanto que quedé turbada. Era el ser más bello que había visto en mi vida. Era morocho y el pelo le caía enrulado sobre los hombros. Su pecho era ancho y perfecto. Se distinguía en éste un bello tímido que aún no le animaba del todo. Tenía unas piernas fascinantes y su pene era perfecto y dormía sobre sus testículos. Tenía los ojos verdes muy claros, de un verde cristalino y su boca se dibujaba gruesa y masculina sobre su barbilla lampiña.

No podía dejar de mirarlo. Me había conmocionado tanto su belleza que olvidé por completo lo que me rodeaba.

Me sacaron de este trance mi señora y las dos mujeres que se acercaron a mirarme de cerca. Me tocaron e investigaron el cuerpo entero exclamando grandes elogios que dirigían a mi señora.

Es realmente una exquisitez dijo una y no puedo creer que en tan poco tiempo la tengas tan sumisa.

A esta puta le encanta pertenecerme, creo que ha nacido esclava. ¿No es cierto puta? Me preguntó, Sí mi ama, y agradezco por tenerla como dueña. La mujer que me examinaba la cola exclamó: Pero por qué la has dejado tan marcada. No he sido yo, respondió mi señora y me preocupan esas marcas, ha sido el animal de José, ya saben como es y agregó: igualmente apenas la vi la compré. ¡¡¡Sí!!!, no es para menos. Realmente no me imaginaba que fuera tan hermosa, respondió la mujer que ahora me revisaba la boca.

Dime puta, se dirigió a mí la que no había hablado, ¿Qué edad tienes? 24 mi señora respondí, advertida previamente por mi ama de como me tenía que dirigir a ellas.

Realmente te felicito Ana, me gusto mucho saber el nombre de mi ama y pensé en ello. Ha sido la mejor compra que pudiste haber hecho y estoy pensando en comprártela.

Miré a mi señora aterrada por estas palabras. Pero mira que miedo le ha agarrado a la puta, dijo la que estaba callada, esta realmente metida con vos.

Mi ama puso cara de orgullo y contestó: esta puta me la voy a quedar y creo que no la venderé nunca, es como una obra de arte. Sí, yo haría lo mismo, dijo la que había observado mi miedo y la otra agregó: veremos, veremos Ana si con lo que estoy dispuesta a poner sobre la mesa sigues pensando lo mismo.

Rieron y se fueron a ver a la chica que estaba al lado mío.

Mi ama le manoseó los senos y yo sentí celos por esto. Ésta tiene mucho que aprender todavía, no es tan inteligente como la tuya

Yo, mientras le mostraban a mi ama esta chica, volví a mirar al chico que me observaba con una mirada que me mareaba y me obligaba a bajar la vista. No podía comprender tanta hermosura. Hasta incluso pensaba que al verlo lo ensuciaba y sin embargo tenía que volver a míralo para luego volver a bajar la vista.

27 mi señora Ana escuché a un costado

Cuando fueron a examinar al chico, mi señora que había notado mi perturbación, me gritó, pon la vista al frente puta y ni se te ocurra sacarla de allí.

Tenía que aguantar la ganas de mirarlo. Cuando vi que estaban, las señoras, muy entretenidas miré por el rabillo del ojo y vi que jugaban con su pene y sus testículos. El chico tenía una erección hermosa y ésta lo hacía aún más perfecto. Era como si un dios se hubiera disfrazado de hombre y este disfraz no lograba esconder del todo la naturaleza que pretendía ocultar.

El chico me vio que lo observaba y una de la mujeres percibiendo nuestras miradas le dijo, ¿qué pasa esclavo, acaso te gusta la puta rubia? Contesta imbécil, le gritó.

Es muy hermosa mi ama, contestó y me estremecí.

Mi señora vino directo a mi pidiéndole el cigarrillo que fumaba una de las mujeres.

Puta, ni se te ocurra que te lo voy a entregar, dijo refiriéndose al chico. Sos tan calentona que a veces das asco. No era calentura lo que tenía sino la sensación de haber tocado lo divino, que en nada se parecía en este caso.

A veces puta me enterneces con esos ojos tristes que tienes. Elige donde quieres que te queme. Decide puta de una vez gritó.

En mi cola mi ama, respondí.

Puta me cansaste, sabía yo que no me podía tocar la cola hasta que se asegurara que no me quedarían marcas permanentes y mi respuesta la puso furiosa.

Le devolvió el cigarrillo a su amiga y pidió disculpas por tener que castigarme ejemplarmente y por esto posponer la cena.

Sus amigas se pusieron excitadísimas con el tema de mi castigo y ofrecieron ayudarla.

Va a probar la pija eléctrica en cada agujero. Acomódenla que ahora vuelvo. Dijo mi ama.

Verás puta cómo duele eso dijo riendo macabramente la mujer más vieja.

Me colocaron con mis piernas muy abiertas y levantadas sobre una mesa ratona de mármol negro.

Qué bien que les queda a las rubias estas mesas exclamó una de ellas. Mientras me inmovilizaban.

Cuando llegó mi ama traía un aparato largo y fino que terminaba en una gran bola plateada en una punta y un mango de goma en la otra conectado a un cable. Mi ama no me dio tiempo a prepararme, me metió la bola en la vagina causándome mucho dolor. El cable llegaba a una especie de control con dos perillas y éste, iba enchufado a un enchufe a través de otro cable. Le dio este control a una de sus amigas y le dijo vamos despacio.

La primera descarga me causo un dolor indecible, grité con todo el aire de los pulmones mientras mi ama movía el aparato del mango recorriendo toda mi vagina. Lo sacaba y me lo pasaba por los labios para volverlo a meter. La sensación era escalofriante. Mis gritos se hacían agudos, como si el aparato me cambiase la voz. Pararon la descarga y yo respiraba agitadísima.

Puta eso que acabas de sentir era la mínima potencia y probarás todas.

Perdóneme mi ama supliqué, no lo haré nunca más. Cállate puta y otra descarga desgarradora. Se sentía como si la carne se abriera cortada por un metal al rojo vivo. En la cuarta descarga me desmayé.

Me despertaron enseguida y mi ama me dijo. Qué haces puta. Todavía hay para rato.

Me arrepiento mi ama, me arrepiento decía como podía entre el llanto y el miedo.

Mi ama, me pasó una crema en mi ano y empujó la bola muy adentro. Jugaban a simular la descarga y cuando mi ama decía ahora yo gritaba espantada aunque nada pasaba.

Bueno basta, dijo mi ama, ponle la máxima Emilse.

Sentí como si miles de vidrios estallasen dentro mío. Mis músculos se contrajeron tanto que ni siquiera podía gritar. El aparato recorría el interior de mi culo lentamente. Cuando cortaron la descarga. No lloraba ni gritaba sólo temblaba desorientada y escuchaba como de lejos mi respiración.

Me parece que si le damos otra le va a hacer mal dijo la mujer que manejaba el control.

Sí ya tuvo demasiado, nos pasamos un poco pero me encantó, dijo mi ama. Yo me quedé con las ganas dijo la otra y agregó, ¿por qué no le damos un poco a la mía?

La chica comenzó a sacudirse tratando de escapar, ya lo había probado varias veces y puso tanta resistencia que les costó mucho atarla en la mesa en la cual había estado yo durante el tormento.

A diferencia mía, la ataron boca abajo quedándole las piernas estiradas y un poco abiertas.

Lloraba y gritaba y suplicaba con una angustia terrible. Mi ama dijo que con lo de las marcas de mis nalgas extrañaba un buen castigo de azotes y pidió permiso a su dueña para dárselo antes del otro tormento.

Comenzó a azotarle las nalgas con un manojo de ramas que cortaban el aire produciendo un sonido grave al caer. La chica gritaba a cada golpe y le hacían agradecerlos. Yo tenía muchísima sed y yacía tirada en el suelo al costado de la mesa. Lo único que me aterraba era la idea de que hicieran lo mismo con el chico, a quien, habiendo aprendido, temía mirar.

El tormento de la chica fue bestial, después de que las tres la azotaron, le pusieron la bola no solo en el ano y la vagina, sino también en la boca.

Cuando terminaron la tiraron sobre mí, yo no me podía ni mover y ella se quedó con todo su peso sobre mí. Lloraba inconsolablemente y sentía una gran lástima por ella. Su dueña comentó el aguante que tenía al dolor. Mirá cómo esta la tuya, dijo por mí, y mirá esta rata, como si nada. Bueno ¿comemos? Agregó. Sí pero lo haremos en el jardín dijo mi ama este calor de mierda es agobiante. Ataron a la chica y la dejaron a mi lado. Comentaron con admiración lo innecesario que era hacer esto conmigo y la seguridad que daba mi ama de que no desataría a la chica que tenía a mi lado. Lo que sí hizo fue llevarse al chico pero me tranquilizó que dejaron el aparato.

La chica lloraba y su llanto me desgarraba el alma. Me acerqué y me abracé a ella besándola y calmándola. Le decía que ya todo había pasado y la acariciaba. Ella lloró aún más desconsoladamente. Después de un rato me pidió entre suspiros que la abrazase más fuerte y lo hice. Nos dormimos o desmayamos abrazadas, estábamos destruidas.

Nos despertaron y era ya muy entrado el día, habíamos dormido más de 12 horas. Me llenó el corazón de alegría ver al chico intacto y con una erección de piedra.

Estábamos con las chicas empapadas ya que nos hicimos encima durante la noche y esto me asustó. Pero mi ama comprendía lo difícil que la había pasado y no me castigó.

Nos bañaron con la manguera atadas a la higuera. El chico estaba al sol sentado en el pasto y con su erección sin haber sufrido la más mínima flaqueza.

Me miraba y no me sacaba los ojos de encima. Me recorría el cuerpo entero con sus ojos y era para mí un halago demasiado grande para soportarlo, y esquivaba su mirada.

Su dueña le gritó desde la mesa y tironeó de la correa que le ataba el cuello. ¿Es que tanto te gusta esa puta? Si la quieres ,su dueña me ha dado permiso, puedes hacerle lo que quieras, pero sin lastimarla ¿estamos?

Sí mi ama, contestó.

La noche anterior había dormido con las tres mujeres y yo era como un premio que le concedían.

Le sacaron el collar y se puso de pie amenazante, era hermoso al sol, era imponente y yo no podía hacer otra cosa que bajar la mirada. Era demasiado. Mi ama me entregó dándole la correa que me controlaba. Pidió que me desataran las manos y mi ama lo hizo susurrándome: esta me la debes puta.

El chico me llevó a la sombra haciéndome seguirlo en cuatro patas. Me arrodillé frente a su erección y él me la ofreció. Le pasé la lengua y se la recorrí entera mientras le acariciaba sus durísimos testículos. Su pija no era ni grande ni pequeña. Era simplemente prefecta. Me la metí en la boca y la chupé como deseando tragármela, me la llevaba hasta la garganta y trataba de darle el máximo placer que le jamás le hubiesen dado. Sentí como llegaba al orgasmo. Con un empujón eyaculó en mi boca y traté de no tragar enseguida ese semen divino, lo quería saborear, quería nunca olvidarme de su sabor. Pero él con un gesto me obligó a tragarlo, lo hice y me hizo limpiarle la pija con la lengua haciéndome mirarlo a los ojos mientras lo hacía.

Con mi mirada le dije todo el privilegio que me daba al dejarme darle placer.

Había acabado muy rápido y yo necesitaba seguírsela chupando, pero él me rechazó y lo miré suplicante. Su erección no había perdido ni un solo grado y me obligo a acostarme sobre el piso. Lo hice y le ofrecí mi sexo entero. Pero me tomó un pie y lo lamió. Me lo chupó muy fuerte arrancándome gemidos de placer. Hizo lo mismo con el otro y me lamió y mordió todas las piernas. Cuando pude sentir su aliento sobre mi concha temblé y él se quedó un rato, sin lamerme, sólo haciéndome sentir el calor de su boca para luego subir y besarme el ombligo cogiéndomelo con su lengua. Me quejé con unos prolongados no pero él me levantó la cabeza y mirándome me hizo shhhh shhhh muy suavemente y me callé.

Me tomó los pechos con las manos y estuvo un tiempo eterno chupándolos, luego preguntó a mi ama si podía quitarme los aros y esta le dio permiso, me los sacó muy suavemente ante mis caras de dolor y me calmó con unos besos hermosos, me besó el cuello y me lo mordió entero. A esa altura tenía la punta de la pija apoyada sobre la entrada de mi concha y yo gemía y trataba de empujarlo hacia adentro.

Me lamió el oído y me susurró que era la mujer más hermosa que había visto en su vida. Mientras lo decía me penetró deslizándose lentamente en mi interior. Gemí con un gemido prolongado que acompañó su avance. Comenzó a moverse y apoyó su pecho sobre el mío y me sentí enteramente suya, hasta mi alma le pertenecía.

Cuando estaba por tener un orgasmo él se retiraba y me lamía el sexo para penetrarme nuevamente después, besándome la boca con su maravillosa lengua. No me permitía llegar al orgasmo y esto fue así hasta que le supliqué con el alma en la voz que me permita llegar y él me preguntó cómo me llamaba. Natalia le susurré sé que tu nombre me haré daño pero lo necesito le dije al oído acompañando mis palabras con la lengua. Pablo me respondió eres hermosa y me llevó al orgasmo más profundo que había tenido jamás. Le mordí tan fuerte el hombro que gritó pero me dejó hacerlo. Luego nos quedamos así un rato largo susurrándonos cosas al oído. Su sonrisa lo hacía aún más bello y yo sentía que había vivido algo oculto y prohibido para las personas y le agradecí por haberme elegido.

Esa noche me la pasé llorando y extrañándolo. Mi ama me dio chocolate y dijo que era una esclava única y que nunca me iba a perder. Le pedí dormir con ella en la cama pero me dijo que lo haría pero que antes tenía que terminar la doma y faltaba bastante para esto.

(Continuará...)

Contaré próximamente las posteriores etapas de mi doma, que fueron las que en realidad me convirtieron en las esclava que hoy soy. Mi dirección de e-mail es nataliaww@altavista.com, me encantarían sus opiniones.


Natalia ww(nataliaww@altavista.com)


Por odracir - 07/10/2007 19:40:56 [denunciar este mensaje]
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La Doma (I) por Natalia ww
A los 22 comencé a trabajar en una empresa de software como diseñadora gráfica. De esto hace ya dos años. La edad de mis compañeros de trabajo no superaba los 28 y entre las salidas al bar después de hora y los almuerzos en el mismo restaurante nos fuimos integrando en un grupo que llegó a ser inseparable. Era esto tan así que todos los días, saliendo de trabajar, nos quedábamos hasta la madrugada bebiendo cerveza charlando y riendo. Los fin de semana nos llamábamos y salíamos a cualquier lado juntos.

El grupo estaba integrado por dos programadores José y Marcelo otro diseñador Arturo, Damián y tres mujeres, Analía, Silvia y yo.

Con el correr del tiempo fui fijándome en José, me atraía su inteligencia, su forma divertida de contar las cosas, su vasto conocimiento y su caballerosidad por no hacer hincapié en su mirada que me hacía temblar de ganas cada que la posaba en mí.

Por esos días yo cambiaba de novio cada dos semanas ya que los comparaba a todos con José. Aunque suponía que lo asustaba mi personalidad avasallante y atribuía a esto su falta de una seria intención respecto de mí.

Así transcurrió un año y podría contar miles de detalles eróticos con los cuales jugaba José, desde posar sobre mi muslo su mano mientras viajábamos en un taxi hasta ver películas en su cama uno al lado del otro.

Cuando les conté un día a los chicos mi problemática en encontrar un departamento más cercano al trabajo me sorprendió el ofrecimiento de José de que me mudase a su casa. Él tenía una casa enorme en el barrio de Barracas que había sido de sus abuelos y vivía solo en ella. Me mudé a su casa a principio del verano.

Al ser la casa tan grande realmente no nos molestábamos. Yo vivía en el fondo, atravesando un inmenso jardín en el cual había una higuera gigantesca, y él en el frente. Solo compartíamos la cocina y el televisor, que él tenía a los pies de su cama. Por las noches, cocinábamos por turnos, comíamos en el jardín por el sofocante clima de Buenos Aires en diciembre.

El hecho de verle el torso desnudo, el brillo de la transpiración en su piel, su pantalón de jean cortado hasta los muslos, esa insinuación en su interior Me mantenían constantemente excitada. En realidad me excitaba cada centímetro de su cuerpo.

Así, con esta calentura constante en la cual me tenía adrede, las charlas y juegos eróticos a los que me sometía constantemente me hicieron por fin cambiar mis hábitos de insomnio solitario e ir a su habitación en medio de una noche decidida a todo.

Atravesé el jardín con mi corazón latiéndome en todo el cuerpo, transpiraba y una brisa me había endurecido los pezones a tal punto que me dolían. Entré en la cocina, la cara me ardía, tomé una botella de vino blanco helado y bebí como si fuera agua, me eché un poco del vino en el pecho, el aire quemaba, y bebí unos sorbos mas. Subí la escalera hacia su cuarto, pero me quedé congelada en su puerta.

No sabía qué hacer, ¿qué le diría? ¿Qué pensaría de mi? Estaba viviendo una tortura y mientras mi respiración se hacía cada vez más rápida se abrió la puerta tan rápido que no tuve tiempo de hacer nada.

¿Qué haces? me preguntó.

No le pude contestar, entre el calor, el vino y lo que venía viviendo me había entrado tal estado de debilidad que comencé a llorar.

¿Qué te pasa? mmm estás borracha, vení sentate unos minutos, me tomó de la mano y me llevó hasta su cama sentándome en ella. Él se acomodó en una silla y prendió un cigarrillo.

¿Estás bien? Contame, levanté mi vista y creí percibir una sonrisa en su boca. Entre lagrimas le dije que hacía ya mucho que me gustaba, que me tenía completamente excitada todo el tiempo. Que no podía soportar más esa situación. Me moría de vergüenza y rompí en un verdadero llanto inconsolable.

Era la primera vez que me pasaba una cosa así, siempre había manejado a los hombres como quería y nunca había conocido a uno que no me mirase con intención sexual. Todo ese poder que da la belleza y con el cual había vivido toda mi vida se había esfumado ante él y me sentí completamente desprotegida y avergonzada.

Creo que tomaste demasiado vino, puedo sentir el olor desde aquí.

No por favor, no me rechaces y caí abrazándole sus rodillas mientras lo decía, por favor, por favor haría lo que fuese, cualquier cosa que me pidieses.

Sos una malcriada, seguro que haces todo este teleteatro por que no te presto la atención que querés.

No es cierto, te deseo, dije esto ahogándome en el llanto.

Igualmente, aunque fuera cierto yo no soy un hombre con gustos comunes, y solo existe una forma de que pueda aceptarte.

Lo que sea, lo que sea.

Solo puedo aceptarte como esclava.

No entendí bien a qué se refería pero le respondí que haría lo que me pidiese.

Estas respondiendo por que sí, ni sabes lo que significa, tendrás que pasar por un entrenamiento si lo que sea lo que sea y si algo pude imaginar con lo de entrenamiento no fue más que una gimnasia tonificadora y me sentí fea por primera vez.

OK ¿Quieres empezarlo ahora? Me tomó la cabeza y suavemente me acercó hasta besarme como nunca nadie lo había hecho, sus brazos me envolvieron y sentí todo el amor y brillo de la felicidad en un momento, casi me desmayo. Quise vivir en él para siempre. Separó sus labios, me miró y yo lloré y lloré pero por lo que su beso me había causado.

Bajó sus manos suavemente hasta donde terminaba mi remera, tomó sus bordes y comenzó a quitármela, mis senos quedaron al descubierto y yo sólo deseaba dárselos, que los tocara, que los lamiese y mordiese, su dedicación era para mí una tortura.

Él los contempló largo tiempo y con un gesto de su mano comprendí que quería que me parase.

De la misma forma comenzó a quitarme el short de gimnasia que llevaba y cuando sentí el aire en mi pubis temblé de excitación, continuó bajándomelos hasta que cayeron a mis pies, me levantó uno, luego el otro y quedé completamente desnuda ante él. Jamás me había excitado tanto en toda mi vida. Él se levantó de la silla y caminó alrededor mío mirándome hasta que sentí sus manos sobre mis nalgas, separé mis piernas sin pensarlo, él comprendió y me rozó los labios con sus dedos suspiré y giré para encontrarlo. No, no, me dijo, recuerda que eres mi esclava, harás lo que te diga Me di vuelta de todas formas e intente besarlo, pero me tomó por los brazos mientras le pedía que por favor me cogiese. Todo a su momento, ahora te vas a arrodillar y te quedarás así hasta que yo vuelva. Lo hice sin dudarlo.

Él salió por la puerta, el aire no se movía, el calor me sofocaba y estaba excitada a tal grado que no pude evitar comenzar a tocarme. Cuando él entró, traía una caja enorme, y me vio con las dos manos entre mis piernas gimiendo y con la boca abierta para poder respirar y dijo: Eres una perra, aprenderás a controlarte, detente y dame los brazos. De la caja sacó unas esposas y me las puso muy apretadas, me quejé con un gemido luego, tomando la cadena que colgaba entre mis muñecas, me arrastró hasta el medio de la habitación. Allí ató una cuerda a las esposas y lanzó el otro extremo a través de la viga que cruzaba el techo. Me encantaba estar atada, a sus merced. Empezó a tirar de la cuerda y no tuve tiempo de acompañar el movimiento, las articulaciones me dolieron tanto que dejé escapar un grito, quedé colgada de mis brazos balanceándome, este balanceo aumentaba el dolor en mis muñecas y articulaciones.

Con otra cuerda me ató juntos los pies y me bajó hasta que pudiera tocar el piso sólo con la punta de los dedos. Le pedí que me soltase, que me dolían mucho los brazos y muñecas, él respondió con una sonrisa y de la caja sacó un látigo negro, larguísimo.

Tenía la cara desencajada, eso me asustó más que el látigo en sí, que lo suponía parte del juego, pero el miedo me agarró al verle la cara, los ojos desorbitados y comencé a desesperarme, me sacudí tratando de soltarme, de escapar pero era imposible. Comencé a decirle no, no no pero él pasó y se coloco a mi espalda, no podía creer lo que me pasaba y le empecé a rogar de todas las formas.

Pegó un latigazo en el piso que me arrancó un grito de espanto, luego otro, comencé a llorar y suplicar. Sentí el látigo zumbando en el aire y sobre mis nalgas sentí el más agobiante dolor que jamás haya sentido, luego otro y otro. Los gritos que el látigo me arrancaba parecían exaltarlo y los golpes se hacían más y más fuertes. Un latigazo rodeó mi costado y fue a dar directo en mi pecho, el dolor llegaba hasta mi cerebro como a través de un hilo conectado a donde el látigo caía.

Dirigía los golpes a mis nalgas y piernas y yo lo único que deseaba era no tener esas partes. Después de un tiempo dejé de gritar, estaba en un letargo, entre la vigilia y el sueño, lo único que existía era el dolor intenso, él se detuvo y me desenganchó de la viga haciéndome caer al suelo, me acurruqué en posición fetal y temblaba tanto que pensé que me moría, así me quitó las esposas y me desmayé.

Me despertó dándome terribles palmadas en la cara, me tomó de los tobillos y me dio vuelta. Me dejó boca abajo, con las piernas separadas y mis brazos estirados, yo estaba tan agotada que no podía moverme. Destapó una botella de alcohol y se paró detrás mío, lo roció por las heridas quemándome, me moví y me tomó por un tobillo arrastrándome de vuelta hacia él terminando de rociarme en cada una de mis partes lastimadas.

Me dejó ahí tirada, abierta, yo estaba tan cansada que sólo quería dormir. Cuando caía en el sueño, me daba un latigazo terrible en mis nalgas, yo me retorcía de dolor y él me volvía a acomodar, esto duró mucho tiempo, y otra vez el alcohol quemándome, no podía hablar, sólo gemía y gemía.

Después del último latigazo me levantó de los pelos y me mordió la boca y los senos, me arrastró hasta un gran armario y me metió en él, cerró las puertas y me encontré a oscuras, desorientada, temblando dolorida pero sabiendo que podía descansar, no podía pensar y me dormí.

Cuando me desperté me dolía absolutamente todo, casi no podía respirar ahí adentro y tenía una sed terrible. Al instante pude pensar en lo ocurrido y me agarraron unos escalofríos horribles que recorrían mi cuerpo acompañados de un temblor que no podía controlar. Sentía un olor horrible, el del miedo. No me podía mover, no podía estirar mis piernas que estaban dormidas por completo. Traté de abrir las puertas pero estaban cerradas y lloré y grité hasta que caí agotada y volví a dormirme.

Me desperté nuevamente con unos golpes fuertísimos que pegaban sobre la puerta del armario, y escuché la risa de una mujer y a José explicándole algo que no llegaba a distinguir.

Cuando se abrió la puerta, una mujer, de unos 50 años, de mirada siniestra, me observó tomándome el mentón y obligándome a mirarla. Una rubia, no me mentiste, exclamó, y qué carita tan deliciosa Vio enfermera, y eso que aún no la ve entera contesto José. La sed me mataba y tenía todos los miembros dormidos. "La enfermera" muy suavemente intentó que saliese del armario pero comprendió lo que me pasaba y dijo: Pobrecita, no se puede ni mover y mira qué miedo tiene está aterrada.

La mujer me tomó de los pelos y me arrastró fuera del armario arrodillándome. No sé si por el miedo o por el tiempo que había pasado encerrada no pude controlarme y me oriné encima. Quién te dio permiso para hacer eso exclamó "la enfermera" y tomándome de la nuca me empujó la cabeza hasta llegar al piso y refregó mi cara por todo el pis que había hecho.

Saca la lengua puta, saca la lengua o te la arranco. Con mis mayores esfuerzos ya que me había mordido muchas veces la lengua durante los latigazos la saqué y comencé a lamer. Muy bien puta ahora sigue hasta que no quede ni una gota. Me soltó y yo por miedo seguí lamiendo cada parte de ese charco interminable.

Sentí como me acomodaba para que quedase en cuatro patas y observarme así bien desde atrás. Tenías toda la razón le dijo a José mientras me examinaba las nalgas y yo seguía sorbiendo cada gota de lo que había hecho. Lástima que esté tan lastimada, seguro que ni le pusiste vaselina en la piel antes ¿no? No, contesto José, es una lástima, espero que no le queden marcas replicó la mujer.

El apodo de enfermera me asustaba, la mesa que pude observar, una mesa que habían preparado con una tabla muy gruesa y agujeros de distintos tamaños, y que tenía apoyados sobre ella una cantidad de aparatos metálicos me erizaba la piel.

Parece que la puta tiene sed, dijo "la enfermera" viendo que yo seguía lamiendo como me había dicho que lo hiciera. Sí, hace más de 24 horas que no toma ni una gota le respondió José. Ahora vamos a hacerla descansar un rato que quiero que esté bien lúcida para el examen. Listo putita ahora podés descansar, ponete de rodillas. Lo hice al instante, las manos atrás, bien. Separá las piernas, bien, bien.

Le iba a rogar que no me lastimase pero al ver el gesto de tratar de decir algo me pegó terrible cachetada y gritó enfurecida: Puta, que ni se te ocurra, que ni se te ocurra.

Me quedé en silencio ahogándome en mis lagrimas y con el terror de no saber qué me iban a hacer.

Tráele un poco de agua José. Al rato apareció con una botella y me puso el pico en la boca. Desesperada traté de tomarla con las manos ya que él dejaba caer solo unas gotas en mi boca. Esta puta ya me hartó, gritó la mujer al ver mi ademán de tomar la botella con las manos, A la mesa, dijo. No no, no por favor, no, no me lastimen, se los ruego por favor. Noo

Te vas a arrepentir tanto de haber dicho eso dijo "la enfermera" mientras José me arrastraba hasta la mesa que tanto temía.

Me colocaron boca abajo sobre esa gran tabla. Por unos pequeños agujeros me ataron el cuello a la mesa con tal rudeza que me ahogué y no pude respirar, desesperada comencé a sacudirme tratando de liberarme hasta que me aflojaron la atadura y pude tomar una gran bocanada de aire. Mirá como se asustó la perra comentó José. La atadura de mi cuello seguía ajustada pero podía respirar.

Mientras José me ataba los brazos "la enfermera" me quemaba con algo la cola para que me fuera corriendo levantando las caderas, mi forma de tratar de escapar a las quemaduras la divirtió mucho y rió complacida. Una vez en la posición en la cual deseaba que estuviese, pasó un tronco de madera bastante ancho por debajo de mi vientre y me obligó a aJosérme sobre él. Estiró mis piernas y las abrió tanto que creí que me partiría, grité y ella me las ató en ese estado. El tronco mantenía mi cola levantada y cada músculo de mi cuerpo quedaba tensionado. Luego me ataron la cintura y los muslos.

Me separaron las nalgas con una especie de aparato metálico frío y dentado. Tenía que relajarme para evitar el dolor de los dientes del aparato mientras esa parte de mi cuerpo quedaba completamente expuesta. La lucha entre mantener la relajación y el dolor de los dientes era dificilísima.

Pude sentir como "la enfermera" me tocaba el ano y empujaba un dedo, yo estaba inmovilizada a tal punto que no podía ni siquiera hacer el más mínimo movimiento de resistencia. Esto me humillaba terriblemente.

"La enfermera" siguió inspeccionando la zona pero no me penetró como creí que lo haría.

Qué culo mas delicioso tiene, exclamó, va a ser uno de los mejores enemas de mi vida. Sentí que sus dedos me ponían una especie de crema fría y pude sentir como apoyaba algo duro, grueso en mi ano.

Comenzó a empujar y mientras entraba yo gritaba de dolor. Me ardía y sentía como iba adentrándose. El dolor era terrible y la tensión me hacía tratar de apretar mis nalgas lastimándome con los dientes del aparato que me las separaba.

Una vez colocado profundamente el dolor se hizo más soportable. Bueno putita, ahora vas a aprender como se limpian a las putas como vos por dentro.

Comenzó a entrar en mí un líquido espeso y frió, empecé a gritar con gritos desgarradores mientras el líquido seguía entrando. Podía sentir cómo se llenaba todo mi interior y la sensación era horrible. Enseguida me acostumbré a la baja temperatura de lo que me estaban poniendo pero el líquido seguía entrando.

En un momento pensé que me iban a hacer explotar y no lo soporte más. "la enfermera" aflojó un poco mis piernas y pude levantar un poco el vientre que estaba hinchado. Ella me sostuvo el estómago con la mano y comentó: Aún tiene espacio para otro litro. Me sentía tan mal que no podía gritar, gemía solamente y rogaba a Dios que terminase ese suplicio.

Me llenaron hasta que creí que iba a morirme. Luego "la enfermera" dijo: Ya está, putita, ya está, te portaste muy bien. Y comenzó a retirar el aparato dentado que me separaba las nalgas y el que tenía introducido en el ano. Que no se te vaya a escapar ni una gota o tendremos que repetirlo eh.

Traté de aguantar lo más que pude para que el líquido no se deslizase fuera de mí, estos esfuerzos parecieron divertirla mucho. Mientras luchaba por contener el líquido en mi interior me desataron el cuello y luego el resto de las ataduras.

Me puse en cuatro patas, ya que así podía aguantar mejor. Mira José como aguanta, sí enfermera, respondió José, mírele bien la carita, está preciosa. Bien putita, te estas portando excelentemente dijo la mujer, como premio puedes sacar toda el agua que tienes en ese culito precioso.

El alivio fue tan grande que deje escapar un largo suspiro.

Me senté sobre la mesa agotada. "La enfermera" me levantó la vista de la misma forma que lo había echo cuando me sacó del armario y me observó.

Luego me levantó los brazos y me palpó los senos, me apretó los pezones produciéndome mucho dolor sobre el que había caído el látigo la noche anterior.

Bien, exclamó. Seguimos con el examen.

Esto me aterrorizó y empecé a temblar, ella observó la reacción que estas palabras me habían causado y creo aprovechó la ocasión para ensayar algo nuevo conmigo que tuvo gran éxito: el grado de sumisión que me generaba el miedo que le tenía.

Ahora putita te voy a decir exactamente lo que vas a hacer, de que lo hagas al pie de la letra o no dependerá el grado de dureza que aplique en lo que queda del examen. ¿Entendido? La miré suplicante y asentí con la cabeza. No puta, gritó y temblé, sí, mi señora.

Sí, mi señora, respondí.

Acuéstate boca arriba, lo hice temblando de miedo, levanta los brazos para que José te los ate. Estiré mis brazos por sobre mi cabeza lo más que pude. Ahora puta vas a abrir las piernas todo lo que puedas. Las abrí y ella me ató los tobillos bien arriba, casi haciéndolos tocar mis nalgas. Luego me ató las rodillas aumentando el grado de apertura de las piernas. Me pasaron varias cuerdas por el cuerpo y quede inmovilizada completamente.

Te estas portando muy bien puta, pero apuesto a que ya lo arruinaras con tus gritos. Esto dicho por "la enfermera" me erizó la piel y ella lo notó. La seguía con mi mirada y le observaba las manos, como si con esta atención previniese cualquier ataque y evitase así un nuevo suplicio.

Se paró a mi lado, yo la observaba temblando y con los ojos llenos de lagrimas. José trajo un balde con agua y un trapo que le dio a la enfermera. Ésta lo embebió de agua y comenzó a limpiarme la cara.

Esto fue el mayor placer que había sentido en mi vida, no sólo me aliviaba el espantoso calor y la sed, ya que me dejaba chupar el trapo, sino que lo sentía como una caricia. La caricia afectiva que tanto necesitaba. Le agradecí eternamente con mi mirada.

Me limpió el cuello llenándomelo de agua, recorrió mis senos, mi abdomen. Me inundó la vagina con ese placer fresco, las piernas, mis pies de los cuales dijo que eran una preciosidad. Volvió a permitirme chupar el trapo y mientras lo hacía, mis ojos le agradecían tanto

Bien ya, ya putita has bebido suficiente. No era que no quisiese soltar el trapo que aprisionaba con mis dientes por sed, sino que no quería que terminase eso que yo percibía como una demostración de afecto y que me llenaba de calor el alma.

Ya, puta, te he dicho que lo sueltes. Lo solté, y estaba completamente revitalizada. Sentía ese toque de afecto recorrer todo mi cuerpo como una ola de calor.

"La enfermera" se acomodó entre mis piernas y miro detenidamente mi vagina, la palpó, estiro los labios abriéndolos. Me estiró de arriba para dejar destapado el clítoris y luego tomó un gran pene negro de plástico que me pareció gigantesco, lo mojó en el balde y me separó los labios de la vagina con sus dedos para acomodar el coloso en la entrada.

Empujo y le costó que entrase, así que lo intentó con mayor fuerza. Cuando mis músculos cedieron comenzó a entrar y sentí que me quebraría a la mitad. Con un movimiento brusco lo insertó hasta el fondo de mí y fue tanto el dolor que no pude ahogar mis gritos. Pero la tortura comenzó a continuación con un movimiento frenético de entrada y salida.

La vagina se me desagarraba y cada movimiento me arrancaba gritos de dolor. Cuando por fin me fui acostumbrando, y mis contracciones y gritos fueron cesando, lo retiró tan salvajemente que fue como si me arrancaran una parte de mi cuerpo.

Quedé llorando y terriblemente dolorida, tenía la necesidad de doblarme y el estar atada era una tortura. La mujer no dejó que me recuperase y me insertó, aunque no tan ancho, un aparato similar pero revestido con unas púas anchas y triangulares de forma cónica. Esto no me causó tanto dolor hasta que empezó a girarlo de un lado a otro.

Yo gritaba y pedía que se detuviese por lo que fuera, pero esta tortura continuó, y como la anterior, sólo se detuvo cuando comenzaba a acostumbrarme a ese tormento.

Lo que hizo a continuación fue tomar una especie de jeringa gorda y gigantesca y llena de arrugas en su contorno y llenarla de agua de una olla de donde salía humeante.

Al ver esto comencé agitarme y tratar por todos los medios de librarme de las ataduras y fue aún mayor mi desesperación cuando el artefacto comenzó a entrar en mí y lo sentí terriblemente caliente. Una vez metido por completo comenzó con el movimiento de meterlo y sacarlo pero muy lentamente. Esto lo repitió unas pocas veces y cuando en uno de los movimientos estuvo lo más profundo posible comenzó a soltar el líquido a medida que retiraba el aparato lentamente hacia afuera. No podría describir lo que es quemarse viva en su interior. Trataba de escapar, de retirarme de ese artefacto siniestro.

José se acercó y abriéndome la boca presionando con sus dedos mi mandíbula me metió una bola que ató de unas correas a mi cabeza diciendo que era probable que me mordiese tan fuerte la lengua que terminaría por arrancarme un pedazo.

La tortura era interminable, el dolor era agobiante. Cuando terminó de retirar el artefacto me abrió con los dedos la vagina para que cayese el agua que me llenaba. Me alivié y descansé mis músculos. Pero "la enfermera" volvió a llenar ese aparato siniestro y comencé a llorar como no la había hecho hasta ese momento, ya no trataba de resistir, simplemente me desgarraba en llanto.

"La enfermera" al observar esto se acercó a mi oído y dijo: Realmente dolió ¿no? . Contéstame, duele mucho ¿no es cierto? Afirmé como pude entre el llanto y la bola que me llenaba la boca. Ahora dime putita, se que quieres evitar que te ponga éste, mostró el aparato jeringa en su mano. Traté de exclamar un por favor no y aunque me salió inteligible ella entendió. Bueno pero deberás portarte muy bien y hacer lo que se te ordene ¿estamos? Afirmé tratando de repetir un gracias infinidad de veces.

La mujer se alejó y deposito la jeringa, esto me permitió calmarme. Me soltó una pierna y volvió a atármela estirada, luego la otra. Y se fue a hablar con José que se había alejado de la mesa.

Al rato José se acercó y me dijo que era una lástima, que se tenía que ir de viaje y antes iría a arreglar la situación en mi trabajo ya que no trabajaría más según dijo. Y agregó, de ahora en más, La Doma correrá por parte de "la enfermera" y espero que te portes excelentemente. Me escupió y se fue saludando con un beso a la mujer.

Cuando José ya había dejado el lugar, "la enfermera" estuvo ordenando algunas cosas sobre una banqueta en donde tenía algunos elementos que no pude observar en detalle.

Traté de llamarla y ella me miró con una mirada fulminante que me aterrorizó. A pesar de esto continué tratando de decir algo. Ella se dio vuelta y me dijo: Veo que tienes ganas de charlar, esta bien, quizás te venga bien aprender cómo lo debes hacer.

Me quitó la bola de la boca y le dije: Mi señora, por favor no quiero sufrir más, ¿por qué me hacen esto?

Pedazo de puta cómo te atreves a dirigirme la palabra sin permiso, éste grito me hizo sollozar y emití un tímido mi señora perdóneme por favor, perdóneme se lo ruego.

Esta bien puta, así es como debes dirigirte hacia mí.

Mi señora ¿puedo preguntarle? Dije entre lagrimas.

Que quieras puta, pregunta.

Mi señora. ¿Me va a seguir lastimando?

Sólo hasta que aprendas puta.

Aprenderé, aprenderé lo prometo, no me lastime por favor aprenderé, haré lo que sea, lo que usted me pida mi señora.

Seguro lo harás puta, pero para eso falta.

No me lastime más mi señora se lo suplico.

Cállate, ya cansas y no vayas a empezar a llorar de nuevo.

Me quedé en completo silencio tratando de contener las lagrimas mientras mi señora continuaba acomodando cosas que no podía ver.

Se dirigió luego hacia la mesa y chequeó que las ataduras estuviesen intactas. Luego se retiró a buscar algo de lo que había estado preparando y la vi venir con una aguja larga, ancha y dorada. Te comportas puta eh, ni una palabra quiero oír o te hago conocer el infierno. Temblaba y hubiese preferido tener la bola en mi boca para morderla y evitar las palabras. Como si me hubiese escuchado el pensamiento me la colocó y sabía que yo lo deseaba, me miró como diciéndome: ves que no soy tan mala. Ambas sabíamos lo que me iba a doler lo que venía. A esa altura yo lo único que quería era aprender lo tenía que ella quisiera, sabía que esta era la llave para liberarme del suplicio.

Mi señora se puso a un lado de la mesa y con la aguja me pinchó un poco el costado, sobre las costillas, si bien no fue más que una molestia, me moví y me corrí unos centímetros de la aguja. Mi señora dejó la aguja y pasándome cuerdas por todo el cuerpo, incluso por el cuello, que tanto me asustaba después de la primer experiencia, me inmovilizó por completo.

Volvió a hacer la prueba de pincharme el costado, esta vez con éxito. Luego, para mi sorpresa, se inclinó sobre mi seno derecho y me lamió el pezón. Lo tomó después entre sus dientes y comenzó a jugar con su lengua, me lo mordía, luego lo succionaba estirándolo, lo volvía a morder deliciosamente y lo llenaba con su lengua caliente. La sensación me encantaba, me echó agua fría sobre mi seno y mi pezón parecía que quería explotar. Lo tomó entre sus dedos apretándolo y estirándolo. Para cuando terminó, yo sentía latir el corazón en el pezón.

Había olvidado la aguja, pero cuando reapareció ante mi vista, lo supe y tomé aire, me iba a atravesar el pezón con esa aguja. Cerré los ojos y mordí la bola fuertemente, mi pezón seguía completamente erguido y eso me humillaba. Sentí la punta de la aguja sobre el borde del pezón, transpiraba, aguante la respiración. La aguja comenzó a entrar y se me escapó un ahogado grito de entre los dientes. Pude sentir cuando salió por el otro lado. Mi señora giró la aguja varias veces y se retiró dejándome el pezón atravesado.

Luego me quitó la bola de la boca y me preguntó si me dolía. Sí, mucho. miseñora respondí haciendo fuerza para aguantar el dolor. ¿Crees que lo puedas aguantar sin morderte la lengua ni los labios? Yo que me iba acostumbrado a la aguja clavada le conteste que sí. Muy bien puta, ahora llego a escuchar un solo gemido y te coloco una de estas en el clítoris y me mostró otra aguja que tenía en la mano. Supe que me iba a colocar una en mi otro pezón.

El procedimiento de endurecerme el pezón fue similar al anterior pero más violento y tardó más tiempo en dejármelo tan duro como me había dejado el otro.

Este me dolió profundamente, ya que lo tenía dolorido por el latigazo que lo había alcanzado y a pesar de la espelúznate amenaza de hacerme lo mismo en el clítoris se me escapó un largo gemido que terminó en un aullido.

Mmm putita, no sabes la lastima que siento por ti y por tu botoncito dijo riendo.

Nooo empecé a gritar y mi señora tomando las dos agujas que llevaba atravesadas me estiro los pezones de tal forma que creí que me los arrancaría. Quieres que siga puta, quieres que te los arranque. Ahhh. Gritaba, solo gritaba y ella me estiraba más las agujas y las retorcía. Eres una puta mal agradecida y continuó torturándome los pezones hasta que sentí que me estallaba la cabeza de dolor. Me soltó y me dijo: ya te ganaste el de la concha, ¿ahora quieres que te meta un aro en la nariz como un toro? Te puedo asegurar que duele infinitamente más que estos, más incluso que el de la conchita que te acabas de ganar. Perdóneme mi señora, por favor, perdóneme, le prometo que no gritaré cuando me atraviese mi clítoris, se lo juro dije entrecortada.

Ya lo vamos a ver puta, sabes lo que te juegas. Y se fue a preparar la aguja que me atravesaría la parte más sensitiva de mi cuerpo.

Mi señora ¿puedo pedirle?

¿Qué cosa puta?

¿Puede mi señora volver a ponerme la bola?

¿Estas jugando conmigo puta?

No mi señora, me arrepiento, me arrepiento de haber pedido que me la saque.

Ok puta, pero deja de llorar no vaya a ser que te lastimes esa boquita de chupapijas que tienes.

Gracias mi señora, gracias. Luego me colocó de vuelta la bola en mi boca. Me separó las piernas y me hizo levantar la cadera. Me ató fuertemente y me hizo recordar que al menor ruidito me ganaba el aro en la nariz a lo toro.

Sentí como me apretaba con una pinza y me sujetaba el clítoris fuertemente. Luego, la aguja abriéndose paso. Aguanté la respiración y mordí con tanta fuerza la bola que me dolieron las mandíbulas durante la semana que siguió. Me lo atravesó y yo no emití ni el más mínimo sonido. Sólo soltaba el aire de golpe para luego tragar otra gran bocanada y aguantar la respiración. Por el dolor, los músculos de mi cuerpo se tensionaron tanto que me comencé a cortar con las cuerdas con que estaba atada. Exhalé el aire y tragué nuevamente, sentía latir mi clítoris.

Mi señora movió la aguja y aguanté el movimiento. Despacio el dolor se fue convirtiendo en una molestia y comencé a respirar profundamente. Sentía las lágrimas caerme por el rostro.

Me alivió mi señora al retirarse y decirme: te has portado muy bien puta, no me lo hubiera esperado de ti.

Luego me mostró unos aros, dos eran de oro azul y eran una simple argolla, estos irían en mis pezones. El otro de oro rojo y que tenía una bolita como cuenta que quedaba suelta alrededor de la argolla iría en el clítoris. Mi señora me dijo que esas argollas las llevaban solo las rubias de pubis dorado, que éstas no eran depiladas en esa zona mientras me los colocaba.

Me desató y me quitó la bola de la boca. Me hizo bajar de la mesa y ponerme de pie. Me tocó los aros y exclamó: Quedaste preciosa puta, a ver, separa las piernas, casi caigo al hacerlo por el estado de debilidad que tenía pero me sostuvo del brazo y las abrí. Perfecto exclamo, una joyita. Ahora vamos a limpiarte. Estaba empapada de sudor, sangre, polvo, orina, lágrimas Me llevó al jardín y me ató a una rama de la higuera. Me dejó ahí y al rato apareció con una manguera y comenzó a limpiarme. Me permitió beber del chorro y le agradecí. El sol pegaba fuertísimo y pensé que serían cerca de las cuatro de la tarde. Miré a mi señora, parecía satisfecha y me tranquilicé.

Dejó que me secase al sol y se sentó a unos metros a leer una revista y tomar un trago en la sombra. Luego de un rato se acercó y me esparció una crema por mi cola y piernas, Quejándose como para sí misma de las marcas que me había dejado José. Qué bien se sentían esas caricias, el sol, la brisa que me recorría cosquilleándome por el cuerpo.

Cuando me soltó le pregunté si no podíamos quedarnos un rato al sol, y ella me dijo que sí, que quería tomarlo. Le agradecí con lagrimas de felicidad y ella me desató. Me puso un collar en el cuello con una larga correa y me ató las manos a la espalda. Me llevó a donde había estado hace un rato sentada y me permitió quedarme en la parte en la que daba el sol, me acomodé en el piso, como me pidió, y la observé sentarse y atar la correa que me ligaba a ella a su silla. Me dormí mirándola completamente agradecida.

Había terminado la primera etapa de la doma.

(Continuará...)

Contaré próximamente las posteriores etapas de mi doma, que fueron las que en realidad me convirtieron en las esclava que hoy soy. Mi dirección de e-mail es nataliaww@altavista.com, me encantarían sus opiniones.


Natalia ww(nataliaww@altavista.com)


Por odracir - 07/10/2007 19:39:13 [denunciar este mensaje]
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